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Venerable Madre Humilde

Ruega por nosotros.

Frase 2

Todo para la gloria de Dios.

Lema, legado

Pobreza, Amor y sacrificio.

Oración, Sacrificio y Acción Apostólica.

Frase fuerte que incluso quedó en el himno congregacional.

Don de gobierno.

Decía: El gobierno de las comunidades es el arte de las artes.

Virtud, ciencia y fe

Lema que fue acogido por los centros educativos de centro américa

Madre Humilde.

Ruega por nosotros

Paz y Bien

y santa alegría también.

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Fraces de Madre Humildita

 


PALABRAS QUE ILUMINAN EL CAMINO

Máximas, consejos y claves espirituales de la Venerable Madre Humilde del Niño Jesús

Las palabras de la Venerable Madre Humilde del Niño Jesús nacieron en medio de la vida concreta: el gobierno de las fraternidades, la formación de las hermanas, las visitas canónicas, las dificultades de la persecución religiosa, el apostolado y la convivencia cotidiana.

Muchas de sus enseñanzas quedaron conservadas en circulares, cartas, consejos y testimonios. Otras expresiones que presentamos aquí son síntesis actuales de su espiritualidad, elaboradas a partir de esos escritos.

En todas aparece una misma intuición: la santidad no necesita acontecimientos extraordinarios para comenzar; puede crecer silenciosamente en la fidelidad de cada día.



La vida ordinaria era su taller de santidad

Madre Humilde enseñaba que la vida debía ser sencilla y ordinaria, y que el cumplimiento fiel de los propios deberes podía convertirse en verdadero camino de santificación.

Por eso podemos decir que la vida ordinaria fue su taller de santidad.

Su espiritualidad no separaba la relación con Dios de las pequeñas responsabilidades: trabajar, servir, escuchar, acompañar, perdonar, obedecer, gobernar prudentemente y comenzar nuevamente cuando era necesario.

La santidad se iba modelando allí, en la materia humilde de cada jornada.

Lo cotidiano puede convertirse en el lugar donde Dios trabaja silenciosamente nuestra vida.

Síntesis inspirada en sus enseñanzas sobre la santificación de la vida ordinaria.




La santidad se construye en lo cotidiano

Madre Humilde escribió que una vida «sencilla y ordinaria», vivida cumpliendo los deberes del mejor modo posible, era suficiente no solamente para alcanzar la salvación, sino también para llegar a la santidad.

Su pensamiento devuelve valor a las pequeñas cosas.

La santidad comienza muchas veces sin ruido: en una palabra amable, en una responsabilidad realizada con cuidado, en una dificultad aceptada con paciencia, en el perdón ofrecido y en la capacidad de volver a servir después del cansancio.

No siempre se construye mediante acciones extraordinarias.

Con frecuencia se edifica día tras día.

Cada pequeña fidelidad puede convertirse en una piedra del camino hacia Dios.

Síntesis inspirada en una circular de Madre Humilde de diciembre de 1953.




«Ruego encarecidamente que sirvan de ángeles de paz entre sí mismas»

Para Madre Humilde, la paz no era solamente ausencia de conflictos. Era una responsabilidad.

Ser ángel de paz significaba cuidar las relaciones, reconciliar, evitar aquello que pudiera sembrar división y procurar que la propia presencia ayudara a reconstruir la comunión.

La paz comienza muchas veces en cosas pequeñas: el modo de hablar de otra persona, la capacidad de escuchar antes de juzgar, la prudencia para no divulgar aquello que puede herir y la disposición para dar el primer paso hacia la reconciliación.

Ser instrumento de paz significa procurar que después de nuestro paso quede más comunión que división.


 


«Que el olor de las virtudes se deje sentir en sus apostolados»

Madre Humilde utilizó una imagen profundamente evocadora: el perfume de las virtudes.

Una flor no necesita explicar que posee fragancia. Su perfume simplemente se hace presente.

De manera semejante, el auténtico apostolado cristiano no se reconoce solamente por la cantidad de obras realizadas, sino también por la manera en que se realizan.

Una escuela, un hospital, una misión o cualquier servicio puede revelar algo del Evangelio cuando detrás de la actividad se perciben la caridad, la humildad, la paciencia, la justicia y la bondad.

La virtud auténtica no necesita anunciarse: se reconoce por el bien que deja a su paso.


 


«La felicidad no está en la abundancia sino en la unión»

Madre Humilde sabía que una fraternidad podía tener pocos recursos y, sin embargo, poseer una riqueza mucho mayor: la comunión.

Las comodidades pueden hacer más sencilla una casa, pero no necesariamente la convierten en hogar.

La unión debe construirse mediante el respeto, la corresponsabilidad, el perdón, el trabajo compartido y la capacidad de poner el bien común por encima de los intereses personales.

Para ella, la felicidad de una fraternidad no dependía únicamente de aquello que poseía.

Dependía también de cómo aprendía a vivir unida.

Una casa puede ser pobre en bienes y profundamente rica en fraternidad.


 


«No miren los defectos de sus hermanas sino a la persona de Jesucristo en ellas»

Esta recomendación no significa negar los defectos ni fingir que las dificultades no existen.

Significa algo mucho más exigente: no reducir a una persona a sus errores.

Madre Humilde invitaba a mirar más profundamente.

Detrás de las limitaciones, diferencias y fragilidades continúa existiendo una persona digna de respeto, llamada y amada por Dios.

La mirada cristiana reconoce la realidad, pero se niega a convertir el defecto del otro en su identidad completa.

La caridad no nos vuelve ciegos ante las faltas; nos impide quedarnos únicamente mirándolas.


 


«Ejerciten la flexibilidad del corazón, la bondad en perdonar y la caridad en advertir»

Esta enseñanza reúne tres actitudes fundamentales.

Flexibilidad del corazón, para no convertir nuestras convicciones en rigidez.

Bondad para perdonar, para impedir que las heridas terminen gobernando nuestras relaciones.

Y caridad para advertir, porque también puede ser necesario señalar aquello que debe corregirse.

Madre Humilde no proponía una convivencia donde nunca se hablara de los problemas. Enseñaba que incluso la corrección debía estar al servicio del crecimiento de la persona.

La firmeza cristiana puede decir la verdad sin dejar de amar.

Es una espiritualidad del corazón firme, pero no endurecido.




Un pequeño mapa de su espiritualidad

A partir de sus escritos y de los grandes temas que atraviesan su vida, podemos sintetizar su espiritualidad de esta manera:

Dios como centro

La vida adquiere unidad cuando deja de girar solamente alrededor de nosotros mismos.

Poner a Dios en el centro significa aprender a orientar hacia Él nuestras capacidades, responsabilidades, decisiones y obras.




La vida ordinaria como camino

No es necesario abandonar la realidad cotidiana para encontrar a Dios.

El trabajo, la fraternidad, el servicio, la enfermedad, las responsabilidades y los pequeños deberes pueden convertirse en caminos de encuentro con Él.




La humildad como fundamento

La humildad no consiste en negar los propios dones.

Consiste en reconocerlos sin convertirlos en motivo de superioridad y ponerlos al servicio de los demás.

Para Madre Humilde, la humildad estaba profundamente relacionada con la obediencia, la caridad y la vida fraterna.




La fraternidad como tarea

La fraternidad no ocurre automáticamente por vivir bajo el mismo techo.

Debe construirse.

Necesita escucha, paciencia, perdón, prudencia, responsabilidad y capacidad para comenzar nuevamente después de los conflictos.




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