Flecha de Oro en reparación de las blasfemias Aprobado por el Sr. Arzobispo
de Michoacán Leopoldo. 1962.
Era el 26 de agosto,
día después de la fiesta
de San Luis, rey de Francia.
La hermana Marie Saint Pierre, hacía la oración de la noche al pie de la cruz. El Salvador
le dijo:He oído tus suspiros, he visto el deseo que
tienes por glorificarme.
Mi nombre es
por todos blasfemado; hasta los niños blasfeman. Este horroroso pecado más que los demás hiere
dolorosamente mi corazón; con la blasfemia, el pe- cador me maldice cara a cara, me ataca abiertamente, aniquila
mi redención y él mismo pronuncia su con- denación. La blasfemia es una flecha
venenosa que hiere constantemente mi corazón.
Voy a darte una flecha de oro para que lo hieras deli- ciosamente y cicatrices las heridas de malicia que me hacen los pecadores. Y le dictó la fórmula siguiente:
Tal fue la flecha de oro que el Señor dio a su sierva asegurándole que cada vez que dijera
esta fórmula, de alabanza
heriría su corazón amorosamente.Te doy esta gracia., díjole, mas ten cuidado
de ella, pues te pediré
cuentas.
En este
momento pareciole ver, que del Sagrado Corazón
de Jesús herido por esta flecha salían abundantes gracias para la conversión de los pecadores lo que le animó a decir:
Dios mío, ¿me encargáis de los blasfemos?
Con esta misma intención N.M. Humildita la introdujo en la Congregación en el año de 1947, a raíz de una profanación a la Sagrada Eucaristía.


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