Violetas de memoria · Poema 01 de 57
A Nuestra Madre Humilde
De pueblo sencillo y humilde,
de Gto. lleno de historia.
Nació Ntra. Madre Humilde,
que fue otra nueva gloria.
De tutela sana y noble
fue Ma. Patricia Magdalena
hija de Eleno Patlán y Cruz Sánchez.
Desde niña fue callada, abnegada y cariñosa;
de talento manifiesto, cultivado por su madre;
continúa su estudio, en internado de Carmelitas.
vuelta al hogar, junto a sus hermanos trabaja.
Al cuidado de una Madre cariñosa, decide ser religiosa;
elige a las franciscanas, situadas en la calle de Constancia;
Madre Gral. Clarita, Madre Refugito, su guía y maestra.
La introducen a una vida de Oración, austera y penitente.
Toma y recibe un burdo hábito café franciscano.
Crece en virtudes, su fama va en ascenso.
Es verdaderamente humilde, esposa del Cordero - Cristo.
Su unión con Dios, es evidente, cierta y verdadera.
No descansa, trabaja con ahínco estudiando;
a temprana edad es elegida superiora Gral.
Su desempeño es eficaz y excelente al Instituto.
Estimulando a la persona para alcanzar el conocimiento.
Perfecciona la convivencia fraternal de las hermanas.
Fecundar el amor y fervor en cada una a Dios y la Sma. Virgen.
Jesús Sacramentado, sea el centro de Ntra. Vida.
Llevarlo dentro de nosotros, dando testimonio con nuestra vida.
Las incomodidades y la pobreza son el pan de cada día.
Casi son trescientos los miembros del Instituto.
Tardada y difícil la comunicación con las Hermanas.
Venustiano Carranza, empieza a perseguir a la Iglesia.
Restringida la libertad de culto, dificulta la convivencia.
Cada día es más tenso el ambiente, va en crescendo.
Es titánico el esfuerzo de Ntra. Madre por mantener la unión.
Aún escondidas en diversos hogares particulares.
A escondidas las Hermanas realizan el Bien en lo que pueden,
extremando precauciones, exponiendo hasta su vida,
Nuestra Madre, aunque, disfrazada, anima y alienta a las Hermanas,
y lleva oculto, la Divina Eucaristía, alimento del alma.
Amenazas, sufrimientos, destierros, inundaciones, inclemencias Ntra. Humilde, todo lo
vence en aquél, que la conforta. (S. Pablo)
emergió ilesa de todo este mar de sufrimientos.
Volvió a salir el Sol de Justicia para el Instituto.
A más de cien años de existencia nuestra Congregación,
sigue adelante, ha alcanzado progresos; aunque en algunos
aspectos, se da pausadamente, por inercia propia.
Ella, Ntra. Madre, deseaba siempre lo mejor para la Congregación
y para cada uno de sus miembros, que la forman.
Para la Congregación trabajó incansablemente hasta conseguir
la más alta aprobación Pontificia, en 1963.
Buscaba con solicitud venciendo dificultades de toda índole en
la formación personal de cada religiosa, que reunía los requisitos
para seguir adelante la formación profesional.
La perfección en el rezo del Oficio; la uniformidad en las
oraciones ( a pesar que tenemos los libros, rezamos con mismos
defectos que traemos de nuestras casa,
al entrar en la Congregación,
desde la simple Ave María....)
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