Violetas de memoria · Poema 31 de 57
Mujer humilde y plena
A una mujer llamó Dios
Para que con su testimonio,
Entrega y amor hiciera
Siempre presente el Reino de Dios
Ella fue don y bendición
Para nuestra congregación
Pues Dios la eligió
Para una gran misión.
Dio respuesta generosa
Sin miedo ni vacilación,
Se entregó al llamado
Y dio todo el corazón.
Jesús estuvo con ella
Nunca la abandonó,
En las penas y fatigas
María la protegió.
A pesar del sufrimiento
Su alegría siempre conservó
Pues sabía muy bien el camino
Que Francisco le marcó
El carisma que Dios le otorgó
Fue riqueza para el Instituto,
Y la autoridad que ejerció
Fue para ella amor y servicio.
Preocupada siempre estuvo
Para que en nuestro apostolado
Con oración y sacrificio
Se construyera la Iglesia de Cristo.
Ella con profunda visión
Descubrió necesidades
Y escribió por inspiración
documentos espirituales.
En el Vía Crucis están
Las huellas de su humildad,
La entrega al que es la verdad
Y el camino a la santidad.
El ritual es un verdadero
Legado espiritual
Que parte de su experiencia,
De su experiencia espiritual.
El escrito de las virtudes
Son ejemplos de su bondad,
Pequeñas prácticas
Para amar de verdad
Cada uno de sus escritos
Nos hablan de su vivir,
Son luz en nuestro camino
Son aliento en nuestro existir.
Con ellos se hace presente
Aun vive y ora en este jardín,
Cuando leemos su vida
Sabemos que está aquí.
Madre humilde, mujer plena
Que como tú, hoy
Demos frutos de amor,
De celo por las almas
Y de entrega fiel al Señor.
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