Violetas de memoria · Poema 06 de 57
Alma humilde
Naciste a la vida para amar,
Ya tu alma llena de dulzura,
Buscaba solamente agradar
A quien te amó con ternura.
Dijiste un día deseo se religiosa,
Consagrarme a Dios y encontrar
Junto con otras la perla más hermosos,
El rostro del Señor poder contemplar.
Al convento ingresaste con alegría,
Sentías vivir en un paraíso terrenal,
Junto a tus hermanas construías
Un hogar cálido y fraternal.
Fuiste siempre dócil y transparente,
Ya muy joven mostraste gran piedad,
Sabia prudencia, vivías alegremente
Edificando la comunidad.
Humildad, que hermosa virtud
En ti Dios hizo florecer,
La viviste a plenitud,
Dones especiales te quiso conceder.
Nuestro señor te preparaba,
Con coraje, paciencia, disponibilidad,
Junto a ti El caminaba,
Le serviste con fidelidad.
Siempre perdonabas de corazón
A quienes te causaban dolor,
Sumergida en la contemplación
Hiciste de tu vida ofrenda de amor.
Aceptaste un día con generosidad
El servicio de guiar la Congregación,
La condujiste por caminos de santidad,
Mediante la oración, sacrificio y acción.
Actuaste con bondad e inteligencia,
Animando a todas a la perfección;
Formabas con delicada diligencia,
Cariño maternal y fraterna corrección.
Abrazaste valientemente la cruz,
Preferías la armonía, el bien de la Congregación,
Renunciaste a tu oficio sabiamente, llena de luz;
Hacer la voluntad divina anhelabas de corazón.
La Virgen María fue tu modelo de vida,
Te acogiste a su maternal protección;
Por San Francisco fuiste bendecida,
Y como El, alma humilde y de oración.
Madre Humildita, eres maestra, modelo,
Admiramos tu vida virtuosa,
Queremos practicar tus consejos, ir al cielo
Donde junto a la Trinidad nos esperas gozosa.
Tus hijas franciscanas, de corazón
Te pedimos nos ayudes a vivir en santidad
Cada día, nuestra bella vocación,
Para alcanzar la perfecta caridad.
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