Violetas de memoria · Poema 11 de 57
El sol y la estrella
Año de mil ochocientos noventa y cinco,
En el rancho de la Concepción,
Nació quien con afán y ahínco,
Hiciera de vida una oblación.
Cual niña alegre y obediente,
De clara inteligencia y suma piedad,
La gracia de Dios consciente
Y busca a Cristo, Camino y Verdad.
Al internado de las Carmelitas ingresa,
Donde destaca su virtud y oración,
En premio y logros su humildad progresa,
Preparándola Dios para una gran misión.
A ser religiosa Dios la llama,
Y un año de plazo será la espera;
A los dieciséis como quien ama,
Con las Franciscanas será su entrega.
Humilde Patlán del Niño Jesús,
Recibe por nombre en el Noviciado
Y a partir de entonces camina a la luz,
De la humildad como su don más preciado.
La Virgen María es su estandarte
Y la pobreza de Francisco su anhelo
Para con ellos tomar parte
De la vida eterna allá en el cielo.
Como súbdita fue ejemplar,
Buscando en todo la perfección,
Queriendo sólo a Dios agradar,
Vivió radicalmente su consagración.
Muy joven el Capítulo la elige:
Madre General de la Congregación,
y por cuatro períodos rige,
Solucionando todo desde la oración.
Dio solidez a la vida espiritual,
Obteniendo de Roma la aprobación
Y elaborando de preces un ritual,
Unificó en la piedad a la Congregación.
Porque el exterior refleja lo interno
Elaboró un manual de urbanidad,
Para trascender la vida a lo eterno
En la costumbres de la humanidad.
La fuerza de su palabra fue el ejemplo,
Que en indicaciones y consejos daba,
Haciendo de su ser un templo,
Que las hermanas a Dios llevaba.
Se viene atroz la persecución,
Que amenaza la fe con la leyes perversas,
Y ocasiona que en la Congregación
Las hermanas todas vivan dispersas.
Al igual que Jesús, Divino Pastor,
Cuida el rebaño que en la oración sostiene,
Animando a sus hijas en medio del temor,
Con la gracia que de Dios proviene.
Visitó Guanajuato y Veracruz,
Chiapas y Estados Unidos,
llevando a todas la divina luz
en la alegría de los escogidos.
En Zacatecas y América Central
Exhorta a vivir en la fidelidad;
En Michoacán y el Distrito Federal,
Recibe con paz la santa enfermedad.
“Sean Margaritas por la obediencia,
sean bellos ángeles por la pureza
y serafines en la caridad y paciencia”
decía a todas con firme entereza.
Fue imagen viva de San Francisco
Cuando siguiendo la voz del Señor,
Por conducir las ovejas al aprisco,
Fue víctima de intriga y dolor.
La calumnia no doblegó su fuerza,
Pues al insulto respondió con perdón
Y al final resplandeció su pureza
Y la virtud que hubo en su corazón.
Su vida fue eco de la voz humilde,
Que en Nazareth pronunció con temor
Quien es Madre de todo ser que vive:
“He aquí, la esclava del Señor”.
Su obra es hoy como una estrella,
que refleja la luz de un Astro Mayor,
Y que resplandece cada vez más bella:
Llama viva del divino amor.
Dios Trino y Uno es el Sol que ilumina,
La estrella humilde y fugaz,
De toda vida que hacia El camina,
Sembrando aquí el Bien y la paz.
Jesús es el Sol que nos da la vida,
Ella es la estrella que su luz refleja,
El es la paz y la luz divina,
Ella es la herencia que Jesús nos deja.
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