Violetas de memoria · Poema 25 de 57
La amada flor del jardín del Señor
En oración, sacrificio y acción
Nació una bella flor en el jardín del Señor
Su nombre María Magdalena y
Ahora la gran sierva de Dios.
La vida con Dios es bonita,
Pero oír la voz del Señor es difícil,
Resuena muchas veces en nuestros oídos
Y en lo más profundo de nuestro ser,
Agradecerle y alabar ese es nuestro gran deber.
Madre Humilde lo hacía con gran placer
En las humillaciones y en el deber,
Pastora del rebaño siempre lo supo ser
Guiando a sus hermanas al gran Ser.
El Señor la guardaba y protegía mucho,
Desde el día que nació el sabía que ella
Una gran santa sería
Y en cada momento de su vida nunca la desprotegía.
Era una hija predilecta que el padre mucha gloria dio,
Con su vida y su ejemplo
A Dios siempre agradó.
En 1933 Dios una gran prueba mando
Y la madre Humilde con gran empeño tomó
Como una bendición a su amada Congregación.
En esa difícil prueba su grande amor mostró
Siendo casta y pura y virgen para su gran Dios,
Demostrando solo así ser la sierva del Señor.
El 20 de noviembre de 1935 su voto de obediencia realizaba
Al dejar su patria y su país y al estar en otro estado de traidora la acusaban
Fue un tiempo difícil sin embargo ella realizaba
Con la Morena y su hijo a elle nada le faltaba.
Muchas cosas a ella le pasaban
Pues Dios con ella caminaba
Y entre esas cosas Dios su obediencia probaba.
Su pobreza día a día la mostraba
Cuando los trabajos más pobres ella realizaba
De enfermera a maestra de secretaria a criada
Y siendo superiora en Santa Ana pisos limpiaba.
Siendo Madre General por la Congregación
Rogaba todas las horas en oración ella pasaba,
Pidiendo a Dios grandes Santas a su casa mandara.
Una flor en el jardín del Señor ella fue sin duda,
Siguiendo las huellas de Francisco y María
Y en cielo ahora como una luz que guía,
Acompañando a sus hijas del corazón de María.
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