Violetas de memoria · Poema 03 de 57
A Nuestra Madre Humildita, con inmensa gratitud
Dios Padre te eligió con predilección
y te llamó a una vida de perfección,
siendo fiel a tu vocación,
te entregaste como víctima en oblación.
Cristo Jesús, modelo de perfección
fue para ti, gran inspiración
que iluminó a la Porción,
de nuestra amada Congregación.
El Espíritu del Señor acogiste
y en tus escritos plasmaste,
una herencia al Instituto dejaste,
en esas normas y consignas que observaste.
A María Inmaculada, amaste entrañablemente
y confiaste dulcemente,
con amor muy vehemente,
a tus hijas, por ser ella, Madre Clemente.
A Francisco del Poverello,
amaste con gran anhelo
y fue él, tu gran consuelo
en tus momentos de duelo.
A la Santa Iglesia te abrazaste,
por ella tu vida inmolaste
y en nuestra amada Congregación dejaste,
esas normas y consignas que observaste.
Practicaste la sencillez en tu Misión,
la Humildad fue tu predilección,
la Obediencia y Adhesión,
la observaste con pasión.
Pues tus ejemplos valiosos,
son como joyas preciosas
y tus virtudes copiosas,
bellas notas armoniosas.
Pobre, sencilla y humilde,
fue tu vida llena de gran sapiencia,
hubo en ella gran coherencia,
que plasmó en nuestras conciencias.
Cristo en su Crucifixión,
fue para ti, gran inspiración
que te ayudó a llevar esa vida de perfección,
legado que dejaste a nuestra Congregación.
El dulce Misterio de la Cruz llevaste,
bajo tus hombros cargada
y con tu vida Consagrada,
a todos iluminaste.
Como Madre, bondadosa y cariñosa,
acogiste a tus Hijas, cual joyas preciosas
y con gran ternura misterios,
la defendiste en causas ignominiosas.
La obediencia, castidad y pobreza,
las observaste con gran delicadez
y dieron a tu vida gran belleza,
Por haberlas observado con gran entereza.
trabajaste intensamente,
en pro de la Aprobación
de nuestra amada Congregación,
que amaste tan dulcemente.
Tu vida Madre Humildita,
todas tus hijas debemos admirar
y tu ejemplo constante
en nuestras almas grabar.
Nos enseñaste de Cristo su Doctrina
y con su ejemplo confirmaste,
siendo esa norma divina
la herencia que nos dejaste.
Fue para ti, la oración
la que dio gran expresión
y te ayudó sin vacilación,
a seguir el camino de la perfección.
Damos gracias al Cielo,
por tu vida en donación,
a nuestra amada Congregación
e imploramos de ti, hoy tu Bendición.
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