Violetas de memoria · Poema 04 de 57
¡A ti oh Madre Humildita!
Dios Padre te eligió con predilección
y te llamó a una vida de perfección,
siendo fiel a tu vocación,
te entregaste como víctima en oblación.
Cristo Jesús, modelo de abnegación
fue para Ti, gran inspiración
que iluminó tu sendero,
caminando por ello, con pasos certeros.
esas normas y consignas que observaste.
A María Inmaculada amaste entrañablemente
y confiaste dulcemente
con amor muy vehemente,
esta porción por ser Ella, Madre clemente.
Al Pobrecillo de Asís,
te entregaste con gran anhelo
y fue El, tu gran consuelo
en tus momentos cruciales.
A la Santa Iglesia obedeciste,
por ella tu vida inmolaste
y en todas tus hijas dejaste,
esas normas y preceptos que observaste.
La sencillez fue tu consigna,
la humildad tu paradigma,
la obediencia y adhesión,
la observaste con pasión.
Pobre, sencilla y humilde
fue tu vida llena de gran sapiencia,
que nos trasmitió la ciencia,
que plasmó en nuestras conciencias.
Tu vida y anhelo fue
cumplir esa gran misión,
que fuese gran proyección,
en la Iglesia y Congregación.
Pues tus ejemplos valiosos,
Fueron cual perlas preciosas,
Que a todos nos animó
Y nuestra vocación consolidó.
La Cruz del Señor llevaste,
Bajo tus hombros cargada
Y con tu vida consagrada,
A todos iluminaste.
Trabajaste intensamente
En pro de la aprobación
De nuestra amada Congregación,
Que amaste tan dulcemente.
Tú, Madre Humildita fuiste
Modelo de santidad,
Que nos mostró con piedad,
El camino que elegiste
Tu senda Madre Bendita,
Todas tus hijas debemos admirar
Y tus ejemplos constantes,
En nuestras almas grabar.
Nos enseñaste de Cristo, su doctrina
Y con tu ejemplo confirmaste,
Siendo esa norma Divina,
La herencia que nos dejaste.
Fue para ti la Oración,
La que dio gran expresión
Y te ayudó sin vacilación,
A seguir el camino de la perfección.
Como Madre Bondadosa y cariñosa,
Acogiste a tus hijas cual joyas preciosas
Y con gran ternura misteriosa,
Las defendiste en causas ignominiosas
La Obediencia, Castidad y Pobreza,
Las observaste con gran delicadeza
Y dieron a tu vida gran belleza,
Por haberlas observado con presteza.
Damos gracias al cielo,
Por tu donación
A nuestra amada Congregación
E imploramos de ti, tu bendición.
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