Violetas de memoria · Poema 35 de 57
¡Nuestra Madre Humilde no ha muerto, está dormida!
H umilde fuiste en todo, en tus penas, en las humillaciones,
en el desamparo, en las tribulaciones, en las pruebas
que Dios siempre te dio.
U una vez que te has marchado, dejaste en nuestros corazones la inmortalidad
de tu recuerdo.
M íranos, bendícenos, cuida de la Congregación que tanto amaste.
I indicaste siempre la meta a seguir y con tu ejemplo vivido, caminaremos sobre tus huellas.
Leímos siempre en ti el espíritu seráfico, nos guiaste con fe, con sabiduría infusa, e hiciste a
tu Congregación grande a pesar de las vicisitudes.
D ejaste indeleble el recuerdo de tu personalidad definida e inolvidable.
Eras nuestro apoyo, consuelo, guía, ahora serás en el cielo la antorcha que ilumine y
conduzca nuestros pasos para encontrarnos un día contigo.
Te lloraremos siempre con lágrimas de gratitud inmensa. ¡Bendita seas! Madre querida.
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