Violetas de memoria · Poema 40 de 57
Plegaria
Señor; solo tu sabes de la gran sierva
Que diste a la humanidad, con la sabiduría y
Entereza de la gloria celestial.
Camino al cielo de estrellas está,
Porque en esta bendita tierra,
La luz del espíritu de tu carisma,
De paz, de amor, le supiste dar.
La rosa, al pasar el tiempo,
Sus pétalos deja marchitar, pero a la gran niña humilde,
En ese mismo tiempo,
Tu don la enriqueció. Tu casa bordada de claveles es,
Pues en este mundo lleno de espinas
Una semilla quisiste sembrar,
Para luego florecer en tu reino.
A Sor Humilde toda tu gracia le diste,
Siendo sabia y firme en sus penas,
Mansa y feroz a la vez,
En su mandato quiso amar.
En la tierra del gran saber,
¡solo tú, Señor, la supiste inspirar!
Ya cauta, ya hermosa a la vez,
Y bella como la sonrisa del mas cándido ser.
Fuerza de voluntad jamás le faltó,
Gracias al Espíritu Santo que de gracia la llenó,
Para dejar sobre la faz de la tierra
La semilla que para siempre germinó.
La timidez de su alma nunca doblegó.
Nosotras, ¡oh, insignificantes violetas!
En nuestras mentes tan pequeñas,
Un granito de su entrega déjanos tomar;
La delicia de su inmenso amor
Que ¡de ti siempre supo saborear!
La sabiduría de la belleza celestial
Muéstranos Señor, a las jóvenes,
Llegar a tener tan solo ... ¡un pedacito!
De su riqueza inmaculada y sabia honestidad.
Los legados que su corazón dejó
Son siempre ejemplos
Para que en nuestra vida
Irradiemos el reflejo de su humildad.
¡Oh, Señor!, deja a nuestra inspiración
a las generaciones presentes y futuras,
para llegar a ser el gran consuelo
y sentir la fortaleza de su corazón.
En esta llanura de la verdad,
De la vida y de la paz, la grande alegría
De tu tesoro nos das.
Plantaste la flor más bella de tu bondad,
Pues en este mundo que lleno de cardos está,
Señor, como ella queremos ser.
La luz de su alma a tu reino quisiste retomar,
Muéstranos a Sor Humilde
En cada sierva tuya, Señor.
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