Violetas de memoria · Poema 39 de 57
Oblación
Diecisiete de febrero, dieciséis años en flor,
Madre Clara te acoge con ternura y amor,
“Hijita entrega tu corazón de paloma para amar a Dios
y tu cuerpo para trabajar por tu Congregación”.
Tus ojos revelaban una gran paz,
Como la clama del profundo mar,
El cual siendo inmóvil en su faz,
Desde su interior fluye la vida sin par.
Inclinada de rodillas en el corredor,
Muy de mañana lavas los pisos,
Las alumnas te contemplan mirando tu labor,
Y comprenden que todo se hace por amor.
A los veintisiete fuiste Madre General,
Convirtiéndote con esto en rival
De las hermanas rebeldes
Que no te quisieron aceptar.
Resististe con fortaleza,
Fue probada tu humildad,
Y en el crisol de la tribulación,
Resaltó la caridad.
Para llevar adelante la grey que el Señor te confió,
Hiciste frente a los problemas,
Reprendiste a tiempo y en toda ocasión,
A las ovejas negras que se alejaban por obstinación.
Tu corazón fue flexible,
Bondadoso al perdonar,
Usaste el disimulo como
Alcancía para guardar.
Cuando la vileza de los enemigos te quiso destrozar
Con críticas, calumnias y difamaciones sin par
Te vemos como roble firme y sereno,
Respondiendo con amabilidad ante toda adversidad.
Las pruebas fueron crudas,
La noche se posó en tu corazón,
Sólo la fe brilló en aquellas horas,
Prevaleciendo la gracia del Señor.
Tu sostén lo hallaste en el sagrario,
Encontrándote con tu creador,
Pidiendo y recibiendo:
Fuerza, luz, sabiduría y profundo amor.
Veinticuatro años serviste como Madre General,
Tu entrega siempre fue incondicional,
Siendo tu distintivo
El amor, la justicia y la paz.
La sabiduría divina,
Penetró tu corazón,
Dando frondosa sombra y frutos,
Para nutrir tu Congregación.
Con variadas y hermosas flores,
Honraste siempre a María,
La caridad fue primero siguiéndole la humildad,
La justicia se hizo presente en todo caminar.
El diecisiete de junio de mil novecientos setenta,
Te dormiste en el Señor,
Celebrando eternas bodas,
Cumpliendo así tu misión.
Tu vida es una luz,
Que hoy guía a nuestra Congregación,
Pues tus sabias enseñanzas,
Arden en nuestro corazón.
Madre Humildita, tú no estás muerta,
Tus enseñanzas perduran en nuestro ser.
Como hermanas franciscanas nos ayudas a crecer,
Alcánzanos de lo alto la gracia para vencer.
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