Violetas de memoria · Poema 42 de 57
Poema a Nuestra Madre Humilde
Un poema a una santa,
Voy ahora a declamar
De una religiosa muy cristiana
Que es muy grato recordar
Pues su vida fue mariana
Y netamente franciscana.
Fue la tierra mexicana
Que su vida vio nacer
Y poco a poco le vio crecer
Como una lida azucena
Muchas gracias pudo merecer
Su nombre era Magdalena
Dos años vivió con las carmelitas
Misioneras de Santa Teresa
Practicó las virtudes más bonitas
Y las piedad con toda entereza
Por eso se decían las religiosas:
¡Qué niña tan buena y piadosa!
Tanto se dedico a la oración
Que descubrió su vocación,
Las carmelitas para si la querían
Más solo Dios sabía
Que aquella linda vocación
A las franciscanas se la daría.
Segura de su vocación
Y con mucha ilusión
A su madre dijo un día:
“Madre, religiosa quiero ser”
y contesto la madre sorprendida:
“pídele a Dios su gracia ver”.
Poco tiempo después
A su madre dijo otra vez:
“creo que mi llamada es
para la vida religiosa”
y la gran madre virtuosa a su hija dijo este vez:
“solo te pido una cosa
sobre tu vocación religiosas;
que un año te esperes
y verás, si es tu vocación lo que quieres”.
Y la niña su libreto sacó
Y aquella fecha anotó.
Y fue así, que la niña bella
Obediente, dulce y buena
La decisión materna aceptó,
Y un año se esperó,
Y se dio tanto a la oración
Que reafirmó su vocación.
Pero su madre pensó,
Que de su hija la vocación,
Era pasajera ilusión,
Más le tomó por sorpresa,
Cuando el año pasó,
Que su hija le dijo con franqueza:
“Mañana es el día
de ingresar al convento”
¡mañana!, contestó sorprendida
la madre si aliento.
¡Sí!, contestó con alegría
y con sumo contento.
Y fue que en la tierra de la Virgen Morena
Aquella niña linda y buena
María Patricia Magdalena
Asistida por la divina iluminación,
Ingresó a la franciscana Congregación
De la Purísima Concepción.
De niña adornaba Magdalena
El altar de la Virgen con azucenas
Más cuando ella fue sorcita
Fue su nombre Humildita
Y su obediencia una linda margarita
Una blanca rosa su caridad
Como lirios su pureza bendita
Y perfumadas violetas su humildad
Las hermanas en ella descubrieron
Dotes de cordura y madurez,
Don de gobierno que de todas no es,
Que Superiora General le eligieron.
Y con pocos años de vida,
Y escasos de vida religiosa,
Era ya, de Dios la fiel esposa,
Que a la Congregación dirigía
Pues asumió la joven madre la difícil misión,
Cuando en la Congregación,
Se cernían negros nubarrones
De partidos y divisiones
Percatada de ello a todos exhortaba,
Como nuestro buen padre Francisco predicaba:
“No se junten los hermanos,
para hablar de otro algo malo”.
Y en medio de la terrible situación,
Que afectaba a la mexicana nación,
Sobre la persecución religiosas,
Conspiraron contra ella, cosa peligrosa.
Pues fue por permisión de Dios
De que se juntaras dos,
O más, para contra ella conspirar
grave calumnia y su pureza afectar
pero la buena y santa madre,
por amor al divino Padre,
perdonó aquel labio irreverente
que le hizo sufrir pacientemente
y aquella falacia solo pudo lograr
su unión con Dios sublimar,
de la cual, testimonio dio su humildad,
sus cartas, y el Manual de Urbanidad.
Y por su espíritu penitente de gran tenacidad
Y evidentes virtudes para la acción,
Dirigió por muchos años la Congregación,
Marcando su camino en la santidad.
Hoy su recuerdo a todas nos encanta
Porque fue religiosa santa
Que dio a la cristiandad
Vivos ejemplos de santidad.
Por eso a Dios debemos glorificar
Y después de treinta años de su muerte
Con una fe viva y fuerte
Como Iglesia queremos proclamar
La santidad de esta virgen bendita
Nuestra Madre Humildita
Que sabiendo lo que es vivir en este suelo
Por nosotras interceda desde el cielo.
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