Violetas de memoria · Poema 56 de 57
Un alma fuerte y humilde
Humilde Sierva, María Patricia
Que desde niña
Fuiste obediente
Callada y comedida.
Que te separaste de tus padres
Y viviste con tus abuelos paternos
Oh Magdalena,
Como te llamaban aquellos.
Hoy te recuerdo en la llanura espesa
Pastoreando el rebaño
Y rezando por las noches
El Rosario a María
Te acuerdas, Magdalena,
Aquellos años compartidos
En el Colegio de las
Madres Carmelitas.
Quién iba a pensarlo,
Tan solo con quince años
Le manifiestas a tu madre
El deseo de hacerte religiosa.
Tu madre te pide que tomes un año
Para reflexionarlo
Pronto lo anotas en tu libreta
Y al año siguiente y al año exacto
Le recuerdas a tu madre:
Mamá, mañana se cumple el año
Debo ingresar con las Hermanas Franciscanas.
Tiempo después ¡cómo olvidarlo!
La toma de tu santo hábito
Tu cambio de nombre
Ahora te llamas
Sor Humilde del Niño Jesús.
Las pruebas se presentan
Y comienza la persecución religiosa
Pero tú no temes, pero tú no tienes miedo,
Y sigues adelante enseñando y cantando
Las alabanzas y grandezas del Señor.
Pasa el tiempo y Dios te prepara,
Y Dios te elige Superiora General de sus hijas.
Aunque eres criticada no te doblegas,
Sigues adelante, dejándote guiar
Por el Espíritu y la humildad.
Tu vida mortificada y callada,
Me anima a seguir adelante
Eres mi madre y mi hermana
Regalo de Dios a la humanidad.
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