Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
Artículos del Capítulo II
Artículo 10
Para comprender cuánta sea la necesidad que tenga la religiosa de instruirse en los preceptos relativos a la urbanidad, basta considerar que no sólo algunas personas doctas y experimentadas del siglo, que viven en él y siguen sus usos y costumbres siempre que no se opongan a la moral, sino también los grandes genios de la Religión, como San Ambrosio, San Buenaventura y otros, han consagrado su inteligencia y su pluma a dejarnos escritos tratados de urbanidad o educación religiosa, en los cuales nos es dado aprender aquellas prácticas santas que en todos tiempos han servido de ornato y realce a la más sólida virtud; y añadiendo a dichos tratados las prescripciones exigidas por las circunstancias del lugar y tiempo en que vivimos, es como únicamente se puede formar la religiosa para el desempeño de la alta misión que se le ha confiado durante la vida.
Aplicación 2026
La urbanidad es necesaria a toda persona que vive en relación con los demás; pero lo es de modo particular para la hermana consagrada, porque su vida está llamada a ser testimonio visible del Evangelio. La religiosa no vive para sí misma: pertenece a Dios, vive en fraternidad, sirve en la misión y representa, muchas veces con su sola presencia, a la Iglesia y a la Congregación.
Artículo 11
Bien convencidas de esta verdad han estado siempre las Órdenes religiosas, las cuales, para la sólida y oportuna instrucción de sus novicias y profesas en la materia de que tratamos, han acudido al intitulado libro «Espejo de disciplina» y a otros tratados y opúsculos de San Buenaventura, para sacar de ellos los documentos más esenciales de educación religiosa.
Aplicación 2026
La urbanidad no debe considerarse como un adorno exterior ni como una delicadeza secundaria. En la vida religiosa ayuda a custodiar la caridad, conservar la paz, favorecer la obediencia, practicar la humildad y hacer más amable la convivencia diaria. Una hermana que cuida su trato ayuda a que la fraternidad sea casa habitable; una hermana descuidada en sus palabras, gestos o actitudes puede sembrar cansancio, distancia o heridas innecesarias.
Artículo 12
El mismo San Pablo encarece la necesaria que nos es la urbanidad al querer que nuestra modestia sea notoria a todos los hombres, ya porque el Señor penetra nuestros corazones y ve todos nuestros actos exteriores, ya también porque las religiosas estamos expuestas como espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. De aquí nuestro imprescindible deber de no dar motivo a nadie para tener por vituperable nuestro estado, si se llegase a observar en nosotras, por falta de urbanidad, alguna palabra, acción o movimiento menos decoroso.
Aplicación 2026
Es necesaria, ante todo, por respeto a Dios. Quien ha sido consagrada al Señor debe procurar que toda su persona —alma, cuerpo, palabra, mirada y conducta— corresponda a la dignidad de su vocación. La reverencia en la capilla, el recogimiento en la oración, la compostura en la liturgia y el respeto por los lugares y objetos sagrados no son formalismos vacíos, sino signos de amor.
Artículo 13
Si queremos otra prueba de lo necesario que nos es la urbanidad religiosa, nos la proporcionará la experiencia, la cual nos enseña que de ordinario se captan más fácilmente la estimación de los pueblos y, por consiguiente, se hacen más idóneas para procurar la gloria de Dios y la salvación de las almas aquellas religiones cuyos individuos practican con más escrupulosidad las reglas de la buena crianza.
Aplicación 2026
Es necesaria también para la vida fraterna. En la fraternidad no bastan los buenos deseos; hacen falta gestos concretos que sostengan la comunión: saludar, escuchar, agradecer, pedir permiso, hablar con respeto, respetar el descanso, cuidar los espacios comunes, evitar la murmuración y corregir con caridad. Muchas veces la caridad no se pierde por grandes faltas, sino por pequeñas descortesías repetidas.
Artículo 14
Y lo que se dice de la Religión debe aplicarse a cada uno de sus individuos en particular. Nada, en efecto, como la buena educación hace tan amable a las religiosas, y les permite insinuarse sin dificultad en el corazón de las personas seculares, atrayéndolas suavemente al séquito de la virtud, que ven reflejada en aquellas con todos los encantos que ella tiene en sí misma. Por un modo enteramente opuesto, las formas poco comedidas, excesivamente adustas y no ajustadas a las reglas de urbanidad previenen por sí solas en contra de la religiosa, y la hacen hasta cierto punto repugnante, sobre todo cuando se ve en ella un espíritu inquieto, parlero, altivo y disipado.
Aplicación 2026
La urbanidad ayuda a vivir la humildad y la minoridad franciscana. Una hermana humilde no se impone, no busca ser el centro, no domina la conversación ni responde con aspereza. Sabe ocupar su lugar con sencillez, sin falsa pequeñez y sin superioridad. Por eso, la urbanidad es una escuela cotidiana para seguir a Cristo pobre y humilde.
Artículo 15
Ejemplo de todo esto lo tenemos en la vida de N. S. P. S. Francisco, cuyo exterior modesto, dulce y afable convirtió mayor número de pecadores que la elocuencia de los más notables predicadores. Tan persuadido estaba de la influencia que los buenos modales ejercen en el ánimo de los demás que en el capítulo III de su santa Regla exhorta a todos sus hijos a que, cuando tengan que ir por el mundo, no litiguen ni disputen con nadie. Antes bien, sean pacíficos, benignos y modestos, mansos y humildes y hablen afablemente a todos; en una palabra, que guarden las prescripciones de la educación religiosa.
Aplicación 2026
La urbanidad ayuda también a vivir la pobreza evangélica. La pobreza no justifica el descuido, la suciedad ni el desorden. Una hermana puede vivir con sobriedad y, al mismo tiempo, cuidar su hábito, su habitación, su mesa, sus útiles de trabajo y los bienes comunes. La pobreza franciscana no consiste en maltratar las cosas, sino en usarlas con gratitud, limpieza y responsabilidad.
Artículo 16
A todas sin distinción, superiores y súbditas, jóvenes y ancianas, nos es necesaria esta urbanidad. La necesitan en primer lugar las superioras y las que llevan ya muchos años en la religión, pues están obligadas a dar el buen ejemplo a las demás, a imitación de Nuestro Señor, que comenzó con la práctica antes que con la palabra sus celestiales enseñanzas. También la necesitan las jóvenes, para quienes especialmente están escritas aquellas palabras de Hugo de San Víctor cuando dice que los jóvenes deben ser circunspectos en sus acciones y palabras. Menospreciar las reglas de urbanidad sería exponerse a incurrir en aquel anatema fulminado por el Espíritu Santo contra los que andan gesticulando perversamente con la boca, haciendo guiños con los ojos, dando saltos con los pies y hablando con los dedos. Ni deben olvidar dichas jóvenes su futura misión en el mundo: la de conquistar almas para Jesucristo.
Aplicación 2026
Es necesaria para la misión apostólica. En colegios, hospitales, casas hogar, casas de retiro, parroquias, oficinas, visitas pastorales y obras de misericordia, la hermana evangeliza también con su manera de tratar. Una respuesta serena puede consolar; una palabra brusca puede cerrar el corazón de una persona necesitada. La hermana HFIC, llamada a reparar la viña del Señor, debe procurar que su trato no rompa lo que la caridad quiere restaurar.
Artículo 17
Entremos en otro orden de consideraciones; sin las prácticas de las máximas que la urbanidad nos enseña sería imposible el orden y la armonía en la sociedad en la cual tenemos que vivir. En este supuesto es preciso cumplir los deberes que nos incumben respecto de las demás, tolerar sus propios defectos, evitar cuidadosamente todo aquello que pueda mortificarlas, respetar sus derechos, prestarles los auxilios que pudieran necesitar; en una palabra, conducirnos con todas según lo exigen las condiciones de las personas, lugar y tiempo, y en la misma forma que quisiéramos para nosotras.
Aplicación 2026
En nuestro tiempo, la urbanidad es necesaria también en los medios digitales. La hermana debe cuidar sus mensajes, audios, fotografías, correos, videollamadas, publicaciones y comentarios. No todo lo que puede compartirse conviene compartirlo; no todo lo verdadero debe decirse sin prudencia; no toda respuesta rápida es una respuesta caritativa. También en la pantalla se puede edificar o herir, custodiar o exponer, pacificar o dividir.
Artículo 18
Además, para vivir en sociedad de una manera que podamos captarnos la respetuosa estimación de los demás y no hacer en aquella un papel desairado, es preciso adquirir buenos modales; esto es, la prudente moderación, la honesta gravedad y la discreta oportunidad en nuestras acciones y palabras, juntamente con cierta delicadeza y modesta actitud en nuestros movimientos exteriores; con todo lo cual se patentiza la suavidad de las costumbres en quien así se conduce y su grado de cultura intelectual. Esta necesidad de la buena educación no se puede suplir fácilmente con el estudio de las demás ciencias a que se consagran de ordinario las religiosas.
Aplicación 2026
Finalmente, la urbanidad es necesaria para la formación integral de la hermana. El Plan General de Formación HFIC recuerda que la vida fraterna es eje transversal del crecimiento de la hermana y que la formación debe abarcar sus dimensiones espiritual-carismática, humana-personal, «humana-comunitaria», académica-laboral, apostólica y vocacional. La urbanidad toca todas estas dimensiones, porque ayuda a unificar lo que la hermana cree, ama, piensa, dice y hace.
Parte I · Nociones generales
El Manual continúa con el Capítulo III: «Utilidad y ventajas que la urbanidad reporta a las religiosas».
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