Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
Artículos del Capítulo I
Artículo 38
El sentimiento de la gratitud es propio de todo corazón. San Ambrosio lo inculcó con grande encarecimiento cuando dice estas palabras: «Cosa muy justa es que te encuentres dispuesto a socorrer generosamente a quien te ha hecho algún beneficio o dispensado algún favor, si llega a verse sumido en cualquiera necesidad». Y esta doctrina la confirma el Santo con un ejemplo de la tierra que devuelve centuplicado el grano que en ella siembra el labrador; y más aún con aquella sentencia de Salomón: «Cuando te sentares a comer con un príncipe, mira con atención las cosas que te ha puesto delante, sabiendo que tú también debes preparar cosas semejantes»; de donde se deduce que el favorecido queda siempre con la obligación ineludible de mostrar su agradecimiento.
Aplicación 2026
La gratitud es propia de todo corazón noble y creyente. La hermana HFIC debe reconocer con humildad los beneficios recibidos de Dios, especialmente el don inmerecido de la vocación religiosa. Quien ha sido llamada a seguir a Cristo pobre y humilde no puede vivir distraída o indiferente, sino agradecida, disponible y deseosa de corresponder con amor.
Artículo 39
Nadie puede poner en duda esta obligación con respecto del que ha recibido de Dios tantos y tan señalados beneficios. En efecto, no sólo le dio la existencia como a todas las demás criaturas visibles, sino que además le dotó de inteligencia, lo enriqueció con el libre albedrío, lo hizo señor del universo, lo formó a su imagen y semejanza, lo adoctrinó con su palabra y ejemplo, con su propia sangre lo libró de la eterna condenación, le infundió por medio del Bautismo el Espíritu Santo, diole en alimento su propia carne, cuidóle mejor que una cariñosa madre lo hace con sus hijos y resolvió darle por herencia la eterna bienaventuranza; en una palabra, hízolo un poco inferior a los ángeles y lo coronó de gloria y honor.
Aplicación 2026
Nadie puede dudar de la obligación de ser agradecida con Dios, de quien hemos recibido tantos y tan grandes beneficios: la vida, la inteligencia, la libertad, la fe, el bautismo, la gracia, el alimento espiritual y la esperanza de la vida eterna. La hermana debe reconocer que todo bien procede del Señor, y que su existencia entera está llamada a convertirse en respuesta humilde de amor.
Artículo 40
Mayores son aún las razones que imponen a las religiosas el deber de ser agradecidas a su Dios. Y, en verdad, el Señor, por efecto de su liberalísima misericordia, se ha dignado escogernos de una manera más especial del pueblo cristiano, y antes del principio del mundo, para que fuéramos santas y sin mancilla en su presencia. Él hizo de nosotras, con toda propiedad, un linaje escogido, un pueblo de adquisición, encargado de publicar las grandezas de Aquel que de las densas tinieblas del mundo nos llamó a la luz maravillosa que difunde la tranquila soledad de los claustros. Por eso el Apóstol san Pablo nos exhorta con frecuencia no sólo a que ponderemos el inestimable beneficio de la vocación religiosa, sino también a que procuremos conducirnos siempre de un modo conforme a tan amorosa vocación. Duro e insensible será el corazón que no se mueva a sentimientos de gratitud al considerar tan señalado favor.
Aplicación 2026
Mayor aún es la gratitud que debe nacer en la hermana por el don de la vocación religiosa. Dios la ha llamado de manera especial para vivir en su presencia, seguir a Cristo pobre y humilde, pertenecer a una familia congregacional y servir en la misión de reparar la viña del Señor. Por eso, debe conducirse de modo conforme a tan amorosa vocación, con fidelidad, alegría, reverencia y responsabilidad.
Artículo 41
Mas esta gratitud no debe ser de solas palabras; es preciso también llevarla a la práctica. El primer medio para conseguirla es recordar a menudo, con san Bernardo, el objeto que nos propusimos al abandonar las comodidades que acaso teníamos en el siglo para abrazarnos con las penosas austeridades de la Religión. «¿A qué viniste?», se preguntaba a sí mismo. Y nosotras, ¿a qué hemos venido? Hemos venido con el único fin de servir a Dios, con la esperanza de que Él sea en la eternidad el premio de nuestros trabajos, nuestra recompensa grande, soberanamente copiosa, como lo fue de Abraham. Al servicio de Dios deben dirigirse todos los pensamientos, palabras, obras y deseos de las religiosas, ya que cualquier otro fin que no sea éste es indigno de su vocación y de ella se separa culpablemente.
Aplicación 2026
Esta gratitud no debe quedarse en palabras, sino hacerse vida. Conviene que la hermana recuerde con frecuencia para qué vino a la vida religiosa: para servir mejor a Dios, buscar su voluntad y entregarse a Él con todo el corazón. Sus pensamientos, palabras, obras y deseos deben ordenarse al Señor, pues cualquier otro fin que la aparte de Él debilita la fidelidad de su vocación.
Artículo 42
Para hacer práctico nuestro agradecimiento, debemos principiar nuestra vida religiosa por una purificación total y sincera de nuestro espíritu, limpiándolo, por medio de la confesión dolorosa de nuestras culpas, de las manchas que pudiera haber contraído en la vida seglar. Así lo exige la pureza infinita de aquel Señor a quien venimos a servir; por tanto, es preciso que pongamos un cuidado especialísimo en apartar de nuestro corazón, desde los primeros días de nuestro ingreso en el claustro, todo aquello que pueda ofender los purísimos ojos de Dios.
Aplicación 2026
Para vivir esta gratitud, la hermana necesita un corazón purificado y sincero. Desde los primeros pasos de la vida religiosa ha de apartar de sí aquello que ofenda a Dios o contradiga su consagración. La formación HFIC, como camino integral de conversión, le ayuda a ordenar su historia, sus afectos, sus decisiones y sus actos hacia una vida más limpia, libre y fiel.
Artículo 43
Una vez alistada bajo las banderas del Rey celestial, debe la religiosa tomar la firme resolución de permanecer siempre constante en el servicio divino, sin que sean capaces de apartarla de él ni los trabajos, ni las penalidades, ni los contratiempos, ni siquiera las violentas tentaciones del enemigo; acostumbrando a decir de corazón aquellas palabras del Rey Profeta: «Señor, he jurado y resuelto guardar tus divinos mandamientos». De otro modo no llegaremos a conseguir la perseverancia hasta el fin.
Aplicación 2026
Una vez llamada al seguimiento de Cristo, la hermana debe permanecer firme en el servicio divino. Ni los trabajos, ni las penas, ni los cambios, ni las tentaciones deben apartarla del propósito de servir a Dios con constancia. La gratitud verdadera se manifiesta en la perseverancia: seguir amando, orando, sirviendo y reparando la viña del Señor aun cuando el camino se vuelva exigente.
Artículo 44
Es también obligación de la religiosa profesar un amor ferviente y práctico a la Religión santa que la ha recibido en su seno. Ella es su madre amantísima, que le suministra lo necesario para la vida, que la instruye en las vías de la perfección, le granjea la estimación y aprecio de las personas sensatas y prudentes, y le proporciona los bienes espirituales. Por todos estos beneficios debe la religiosa vivir siempre íntimamente unida a la Religión con los vínculos de un amor inquebrantable, procurando su honor y su gloria, como lo procura para su madre todo hijo bien nacido.
Aplicación 2026
La hermana debe profesar amor fiel y práctico a la vida religiosa que la ha recibido, formado y sostenido. La Congregación es para ella una madre espiritual que le ofrece medios de santificación, vida fraterna, misión, acompañamiento y pertenencia. Por eso, ha de vivir unida a ella con fe, gratitud y corresponsabilidad, procurando su bien y su buen nombre con humilde fidelidad.
Artículo 45
A estos sacratísimos deberes que nos impone la gratitud faltarían aquellas religiosas que olvidasen los beneficios de Dios y no hiciesen de ellos el aprecio que se merecen; las que no recordasen con frecuencia el fin para el cual vinieron a la Religión y no empleasen para conseguirlo los muchos medios que la Religión les proporciona; las que, apenas hecha su profesión religiosa, se entregasen a la tibieza o decayesen notablemente en el servicio de Dios, abandonando el ejercicio y demás prácticas piadosas necesarias para conservar la pureza y fervor del espíritu; las que, atentas sólo a las comodidades de la vida, descuidasen el trabajo o el estudio a que respectivamente deben estar consagradas, entregándose en cambio a un ocio siempre culpable y reprensible en todas, pero muy especialmente en aquellas que por su porte o conducta poco ajustada empañasen el brillo de la Religión, o diesen motivo para que los seglares pudiesen tomar pretexto de vilipendiar a esa Madre que nos debe ser tan amada y en cuyo honor el mismo Dios se interesa, y también el Seráfico Padre san Francisco.
Aplicación 2026
Faltan a esta gratitud quienes olvidan los beneficios de Dios, descuidan los medios de santificación, se enfrían en el servicio divino o viven pendientes solo de sus comodidades. También dañan el testimonio quienes, por una conducta poco digna, oscurecen la belleza de la vida religiosa. La hermana HFIC debe recordar que su porte, su palabra y su modo de vivir pueden honrar o empañar el don recibido.
Parte II · Deberes de la religiosa para con Dios
El Manual continúa con el Capítulo II: «Del culto divino en general».
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