Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
«La urbanidad hacia las demás es la forma cotidiana de una caridad que sabe respetar, escuchar, proteger y servir.»
Artículos del Capítulo II
Artículo 289
Como el temor de Dios es principio de sabiduría, es precisa la santa y cordial fraternidad en una Comunidad bien ordenada. San Pedro dijo: «Amad la fraternidad y temed a Dios». La fraternidad es un lazo sagrado que une en un solo corazón a quienes viven congregados. Entre los miembros de un instituto deben ser comunes los gozos y las tristezas, la adversidad y la prosperidad, el trabajo y el descanso, la refección y la abstinencia y todos los bienes con que Dios enriqueció el estado religioso. Esta comunicación de bienes no es posible sin la unión de voluntades. La discordia aniquila los bienes de la unión y produce recelos, desconfianza y querellas; por eso, nada hay tan útil y necesario en las familias religiosas como la concordia.
APLICACIÓN 2026
La fraternidad cordial y santa es camino de sabiduría y signo de una vida religiosa bien ordenada. Entre las hermanas debe haber comunión de bienes, alegrías, trabajos, sufrimientos, responsabilidades y esperanzas. Donde falta la unión de voluntades, fácilmente nacen recelos, desconfianzas y divisiones; por eso, la hermana HFIC ha de cuidar la concordia como un tesoro de la fraternidad.
Artículo 290
Uno de los principales obstáculos para que reine la concordia entre las religiosas es la presunción, de la cual debemos huir con suma cautela. Nadie ha de presumir de sí misma, preferir su parecer al de las demás ni vanagloriarse de los bienes que Dios le haya concedido, pues se engaña quien, siendo nada, piensa ser algo. Es igualmente reprensible despreciar a las demás, juzgar sus actos y mucho más sus intenciones. Como dice san Agustín: «No pocas veces acontece que la acción exterior no revela la intención del que la ejecuta». Es mejor acostumbrarse a pensar piadosamente de cuanto se observa, aun cuando ignoremos la causa que pudo impulsar la acción.
APLICACIÓN 2026
Uno de los principales obstáculos para la concordia es la presunción. La hermana no debe preferir siempre su parecer, despreciar a las demás ni juzgar sus intenciones. Muchas veces no conocemos lo que mueve el corazón ajeno; por eso, es más evangélico interpretar con caridad, preguntar con humildad y corregir solo cuando sea necesario y por los medios adecuados.
Artículo 291
La concordia no ha de ser meramente especulativa, sino traducirse en la práctica, separándonos del vicio y conduciéndonos a Dios. Cuantas nos preciamos de vivir dedicadas a su servicio debemos tolerar las flaquezas y defectos inseparables de nuestra corrompida naturaleza, asistirnos caritativamente en las enfermedades corporales, consolarnos en las aflicciones del espíritu y no preferir lo que es útil para nosotras, sino lo que es mejor para las demás.
APLICACIÓN 2026
La concordia no debe quedarse en buenos deseos, sino traducirse en obras concretas: tolerar con paciencia las limitaciones de las hermanas, asistirlas en sus enfermedades, consolarlas en sus aflicciones y preferir no lo que conviene a una misma, sino lo que edifica a la fraternidad. La caridad verdadera se vuelve servicio.
Artículo 292
Todo lo dicho ha de practicarse huyendo del escollo de las amistades particulares, verdadera peste de las casas religiosas. San Basilio enseña que los religiosos deben profesarse mutua caridad, pero no juntarse dos o tres para formar sociedades parciales dentro de una misma Comunidad. Esto no sería caridad, sino discordia y división. La ley de la caridad no tolera amistades particulares que sean principio y ocasión de envidias y odios.
APLICACIÓN 2026
La amistad entre hermanas debe ser amplia, libre y fraterna, nunca exclusiva ni posesiva. La caridad religiosa no tolera parcialidades que dividen, forman grupos cerrados o siembran celos. Toda relación debe vivirse con limpieza de corazón, transparencia, límites sanos y apertura a toda la fraternidad.
Artículo 293
Es preciso entender en qué consisten las amistades particulares. Sucede que algunas hermanas se entienden con mayor facilidad y gusto, se prefieren durante la recreación, se buscan y sienten cuando se las separa; estos actos no bastan para afirmar una amistad reprensible. Pero hay motivo fundado para sospecharla cuando desean estar a solas, sienten que otra se acerque a su conversación, dan señales de afecto que niegan a las demás, median regalos frecuentes sin licencia, comunican secretos que no deben revelarse o procuran ocultarse de la vista de las superioras o maestras.
APLICACIÓN 2026
No toda afinidad es amistad particular desordenada; es natural que algunas hermanas se comprendan con mayor facilidad. Pero hay motivo de vigilancia cuando se buscan de modo exclusivo, desean estar siempre solas, ocultan conversaciones, se dan señales de afecto negadas a las demás o evitan la mirada de las superioras y formadoras. La amistad que necesita esconderse ya pide discernimiento, acompañamiento y purificación.
Artículo 294
La ley sublime de la caridad es el principio de los deberes hacia nuestras hermanas, sean iguales o inferiores. Hemos de tratar a nuestras iguales con amor sincero, franco y cordial; evitar cuanto pueda molestarlas, como echarles en cara defectos físicos o morales, llamarlas por apodos, causarles advertidamente disgusto o mortificación, tratarlas con desdén, decirles palabras de desprecio o no respetar sus objetos de uso particular. En una palabra, hagamos con ellas cuanto quisiéramos que hicieran con nosotras y tengámosles el mismo respeto y consideración.
APLICACIÓN 2026
La caridad es la raíz de los deberes hacia nuestras hermanas. Por ella debemos tratarlas con amor sincero, franco y cordial, evitando apodos ofensivos, burlas, desprecios, palabras hirientes, críticas destructivas, invasión de sus objetos personales o cualquier gesto que pueda lastimarlas. La regla sencilla es evangélica: no hacer a otra lo que no quisiéramos recibir.
Artículo 295
En el trato con las religiosas que de algún modo son inferiores se evitará el aire de imperio o despotismo y la excesiva confianza. Son acreedoras a nuestras atenciones, pues el Evangelio dice: «El que es mayor entre vosotros hágase vuestro siervo». Nunca se usarán palabras duras, ásperas, altaneras, despreciativas o humillantes, ni calificativos incultos; tampoco se exigirán con malas formas los servicios que por obediencia hayan de prestarnos, como si fueran criadas y no hermanas.
APLICACIÓN 2026
En el trato con las hermanas jóvenes, formandas o de menor experiencia, debe evitarse todo aire de superioridad, dureza, ironía o despotismo. La mayor ha de hacerse servidora, como enseña el Evangelio, y corregir con respeto, claridad y ternura firme. Nunca se debe humillar, ridiculizar ni exigir servicios con malos modos, como si una hermana fuera servidumbre y no miembro de la misma familia religiosa.
Artículo 296
Entre las mayores y las inferiores debe mediar una prudente distancia que unas y otras han de reconocer. La diferencia de clases y dignidades exige que se tributen las consideraciones correspondientes. La religiosa que cumple esta regla muestra buenos sentimientos y cultura. Tampoco deben olvidarse las consideraciones hacia las religiosas ancianas, porque la educación lo exige y la caridad lo manda.
APLICACIÓN 2026
Entre hermanas mayores, jóvenes, formandas y responsables de distintos oficios debe haber prudente distancia, respeto y consideración. Cada una ha de reconocer la dignidad de la otra, su edad, su historia, su cultura, su servicio y su lugar en la fraternidad. La buena educación y la caridad piden honrar especialmente a las hermanas ancianas, no solo por cortesía, sino por gratitud y justicia fraterna.
Parte IV · Deberes de la religiosa para con las demás
Con el artículo 296 concluye «Del modo como la religiosa debe tratar a sus iguales». El Manual continúa con el Capítulo III: «Circunspección que debe guardar la religiosa en las conversaciones».
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