Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
«El cuidado de sí no encierra a la hermana en sí misma: dispone el cuerpo, el tiempo y el corazón para servir con libertad, sobriedad y caridad.»
Artículos del Capítulo I
Artículo 144
Entendemos aquí por disciplina regular el conjunto de obligaciones a que ha de vivir sometida la religiosa, y que se contiene no sólo en los votos y preceptos de su Regla y Constituciones, sino también en las disposiciones particulares de los superiores, loables costumbres y prácticas santas de cada Orden o Congregación religiosa.
APLICACIÓN 2026
Por disciplina regular entendemos el conjunto de obligaciones, prácticas y medios que ayudan a la hermana a vivir fielmente su consagración. Esta disciplina se expresa en los votos, las Constituciones, las disposiciones legítimas de la Congregación, la vida fraterna y las sanas costumbres que sostienen la identidad HFIC.
Artículo 145
Fácilmente se comprende la necesidad de esta disciplina regular con sólo atender a que la religiosa, el día de su consagración a Dios, se renunció de tal modo a sí misma que desde entonces debe estar muerta a todos los deseos y concupiscencias mundanas; o, como se expresa el Apóstol, el mundo está crucificado para ella, como ella lo está para el mundo. Aquí viene a decir san Buenaventura: «El desprecio de dicha disciplina es evidente señal de la conciencia abandonada y de una culpable ligereza de ánimo». Y en otra parte añade que, cuando se desprecia la mencionada disciplina, crecen las insolencias.
APLICACIÓN 2026
La disciplina regular es necesaria porque la hermana, al consagrarse a Dios, renuncia a vivir según sus propios gustos para seguir más de cerca a Cristo pobre y humilde. Quien desprecia esta disciplina se expone a la ligereza, al individualismo y a la pérdida del espíritu religioso.
Artículo 146
El objeto de esta disciplina es desarraigar progresivamente del alma los vicios para sustituir, en su lugar, las virtudes. Por eso deben las religiosas, tanto las antiguas como las recién profesas, armarse de un santo celo para que, ajustándose por completo a la disciplina regular, adelanten más y más en la perfección por medio de las buenas obras.
APLICACIÓN 2026
El fin de la disciplina regular es ayudar a desarraigar los vicios y cultivar las virtudes. Por eso, tanto las hermanas de más años como las recién profesas deben acogerla como un medio de crecimiento, conversión y fidelidad, para adelantar en la perfección por medio de obras sencillas y constantes.
Artículo 147
Uno de los medios principales para conservar esta disciplina es no buscar dispensas de los ejercicios de la vida común, a no ser que haya verdadera necesidad. Conviene que las religiosas se acostumbren al principio a andar los caminos de una prudente mortificación, sujetándose en todo al juicio de su discreto confesor, para no perjudicar la salud ni tampoco perder el fervor del noviciado, cayendo en el abismo de la tibieza, del cual no dista mucho la relajación.
APLICACIÓN 2026
Para conservar la disciplina, conviene no buscar dispensas de los ejercicios de la vida común sin verdadera necesidad. La mortificación se vivirá con prudencia, atendiendo a la salud, la edad y las responsabilidades confiadas. El acompañamiento espiritual se distingue del gobierno: debe respetarse la libertad de conciencia y nunca exigirse ni inducirse una manifestación de conciencia ante las superioras.
Artículo 148
Para evitar con éxito estos peligros, preciso es que las jóvenes no se engrían ni den entrada a la soberbia cuando, por la misericordia de Dios, observen en sí mismas algún don especial y progreso en la virtud, acordándose de que todo lo que tienen de bueno lo han recibido de Dios. Sigan constantemente este consejo de un santo abad: «Sean tan cuidadosas en ocultar sus virtudes como otras lo son en no descubrir sus vicios». No deben acostumbrarse a emprender cosa alguna de importancia sin consultar primero a sus superioras.
APLICACIÓN 2026
Las hermanas jóvenes evitarán la soberbia cuando descubran en sí algún progreso, recordando que todo bien procede de Dios. La consulta a la autoridad corresponde a las materias que afectan la consagración, la misión, la vida fraterna o el derecho propio; no autoriza un control indiscriminado de las decisiones personales legítimas.
Artículo 149
La base principal de una comunidad es, sin duda, la conservación de la vida común, a la que todas debemos contribuir como miembros de un mismo cuerpo místico; para lo cual es preciso que cada una se esfuerce en conservarla, pues sin ella se hace imposible la unidad del conjunto. Ni ha de ser causa para apartarnos de ella el ver algunas negligencias en las observancias regulares; persuadámonos de que la perfección de la religiosa consiste en practicar bien los ejercicios comunes y cotidianos; pongamos toda nuestra gloria en lo que nos dé testimonio de que obramos bien.
APLICACIÓN 2026
La vida común es base principal de la fraternidad, y todas deben contribuir a conservarla como miembros de un mismo cuerpo. Las negligencias de algunas no deben ser motivo para abandonar el bien; al contrario, cada hermana ha de poner su gloria en vivir fielmente lo ordinario, que es donde más se prueba la caridad.
Artículo 150
Para contribuir al sostenimiento de esta disciplina, cada religiosa debe persuadirse de que nada hay tan contrario a la vida común como el espíritu de distinguirse de las demás: ora simulando un nimio y excesivo rigor en ciertas observancias que en nada afectan a lo esencial de la Regla, ora despreciando y cambiando sin justo motivo las santas costumbres de la vida regular introducidas por nuestros antepasados, con las que tanto se santificaron. Podríamos decir que san Agustín tuvo intención de reprender este espíritu de singularidad cuando dijo: «Disforme es toda parte que no se conforma con su todo». De aquí debe nacer en nosotras una grande estimación de la disciplina regular o vida común, que tan eficazmente contribuye a conservar floreciente la observancia. Mas este aprecio ha de manifestarse al exterior con nuestras palabras y nuestra actitud; pues aquella disciplina, según san Bernardo, «humilla la cerviz, reprime la arrogancia, hace modesto y grave el semblante, modera la libertad en los ojos, cohibe las risas inmoderadas, contiene las demasías de la lengua, refrena la gula y regula el modo de andar». Mirémonos siempre en este espejo, venerables hermanas, y, según él, procuremos conformar toda nuestra vida a las exigencias saludables de la disciplina regular.
APLICACIÓN 2026
Nada es tan contrario a la vida común como el deseo de distinguirse: ya sea por rigor exagerado, por desprecio de las sanas costumbres o por cambiar sin justo motivo lo que ayuda a la observancia. La disciplina regular educa la humildad, modera la palabra, ordena los gestos y ayuda a que la hermana viva en comunión con el todo de la Congregación.
Parte III · Deberes de la religiosa para consigo misma
Con el artículo 150 concluye «Cuánto debe amar la religiosa la disciplina regular». El Manual continúa con el Capítulo II: «Del dormitorio».
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