Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
Artículos del Capítulo VIII
Artículo 126
Según el oráculo divino no hay hombre alguno que no peque y que no caiga en muchas faltas, sentencia que es indispensable aplicar también a nosotras las religiosas.
Aplicación 2026
La hermana, consciente de su fragilidad humana, debe reconocer que necesita constantemente la gracia de Dios. Nadie está libre de caídas, debilidades o heridas interiores; por eso, los sacramentos son medicina, alimento y fortaleza para caminar con fidelidad en la vida consagrada.
Artículo 127
Mas así como para curar milagrosamente algunas enfermedades del cuerpo había en Jerusalén una piscina, de igual modo la misericordia divina ha procurado para nosotras una piscina saludable, en la cual se curan las enfermedades del alma y se recobran los bienes espirituales que nos hace perder la culpa; esa piscina es el sacramento de la Penitencia.
Aplicación 2026
El sacramento de la Reconciliación es fuente de misericordia y sanación para el alma. En él, la hermana recibe el perdón de Dios, recupera la paz interior y renueva su deseo de vivir con corazón limpio, humilde y disponible para servir mejor al Señor y a la fraternidad.
Artículo 128
Débiles, por otra parte, y escasas de fuerzas en nuestro espíritu, necesitamos un alimento que nos conforte. Ese alimento sobresustancial es Jesucristo en la Sagrada Eucaristía.
Aplicación 2026
La Eucaristía es el alimento espiritual que sostiene a la hermana en su debilidad. En ella recibe a Jesucristo, Pan vivo, que fortalece su vocación, alimenta la caridad, sostiene la perseverancia y la configura más profundamente con Cristo pobre y humilde.
Artículo 129
Uno y otro sacramento son verdaderas fuentes de salud que brotaron del costado abierto del Salvador, de cuyas aguas necesitamos beber todos para refrigerar la sed de gracia y de virtud que abrasa nuestra alma.
Aplicación 2026
La Reconciliación y la Eucaristía son fuentes de vida que brotan del costado abierto del Salvador. La hermana debe acercarse a estos sacramentos con fe, gratitud y deseo sincero de conversión, sabiendo que en ellos encuentra gracia para reparar, amar y servir.
Artículo 130
El origen divino de los santos sacramentos instituidos por Jesucristo es motivo más que suficiente para obligarnos a recibirlos con las disposiciones necesarias.
Aplicación 2026
El origen divino de los sacramentos instituidos por Cristo exige recibirlos con las disposiciones necesarias. No basta acercarse por costumbre; conviene preparar el alma con fe, humildad, recogimiento y deseo verdadero de corresponder al amor de Dios.
Artículo 131
San Buenaventura compendia las condiciones que debe tener la confesión de los religiosos para que les sea fructuosa, diciendo que ha de ir acompañada de contrición amarga, confesión pura y satisfacción condigna. A ser posible, obsérvese lo indicado en nuestro Ceremonial acerca de la confesión.
Aplicación 2026
Para que la confesión sea fructuosa, la hermana debe procurar contrición sincera, confesión clara y propósito firme de enmienda. Conviene prepararse con examen de conciencia sereno, sin escrúpulo ni superficialidad, y acercarse al sacramento con confianza en la misericordia del Señor.
Artículo 132
Además de la confesión sacramental, hay entre nosotras una especie de confesión pública llamada capítulo de culpas, que se celebra semanalmente como lo ordenan nuestras Constituciones.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
El «capítulo de culpas» pertenece a la disciplina histórica descrita por el Manual. No puede presentarse hoy como práctica normativa sin comprobar el derecho propio vigente de la Congregación. En ningún caso sustituye al sacramento de la Reconciliación ni autoriza a exigir la manifestación de conciencia.
Artículo 133
En el capítulo de culpas se deben acusar las faltas externas y las negligencias cotidianas cometidas contra la Regla, Constituciones y Estatutos, etcétera.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
Si el derecho propio prevé alguna revisión fraterna de la observancia, ésta se limita a hechos externos y verificables relacionados con la vida común. Debe respetar la intimidad, el buen nombre y la libertad de conciencia de cada hermana.
Artículo 134
El objeto y fin del capítulo de culpa es evitar las faltas pequeñas para no caer en las grandes, aludiendo a aquella sentencia del Espíritu Santo: «El que desprecia las cosas pequeñas poco a poco caerá en otras mayores». Y no estará de más traer a este propósito aquello de san Agustín: «Mejor es acusar las faltas de ignorancia o negligencia para que desaparezcan que excusarlas con peligro de que permanezcan en el alma».
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
Toda práctica penitencial realizada en la fraternidad tiene como fin la conversión, la reparación del daño y el crecimiento en la caridad. Nunca debe convertirse en exposición humillante, castigo público, control de la conciencia o mecanismo para obtener información privada.
Artículo 135
Para que este capítulo no se convierta en pura ceremonia, antes bien resulte provechoso al espíritu, debe hacerse con modestia, evitando toda risa, mirada curiosa y palabra inútil; sin contradecir de ninguna manera las advertencias o exhortaciones que haga la superiora; con cautela, esto es, atendiendo a sí misma sin preocuparse de las demás, y excitándose al propio tiempo a algún dolor de sus culpas; y con humildad, acompañando la acción exterior con el conocimiento interior de nuestra vileza y propia nada, por la cual somos dignas de toda suerte de afrentas y desprecios.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
La corrección y la revisión fraterna se realizan con verdad, humildad, escucha y respeto a la dignidad. La hermana puede reconocer libremente faltas externas propias; ninguna superiora puede inducirla a manifestar su conciencia. Las decisiones normativas sobre esta práctica corresponden al derecho propio y a la autoridad competente.
Artículo 136
Purificada el alma por la sincera confesión de sus culpas en el tribunal de la Penitencia, la religiosa debe disponerse al grande acto de la Comunión. Ante todo ha de procurar adornarse con la vestidura nupcial de la gracia, de una ferviente caridad y de las demás virtudes. Además de la preparación remota, es preciso procurar otra próxima, que consiste en un religioso silencio, recogiendo las potencias y sentidos para que la atención toda se fije en el Salvador con quien se va a unir del modo más íntimo y amoroso.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
La hermana se dispone a la Comunión viviendo en gracia, caridad y fidelidad, y se prepara próximamente con silencio, recogimiento y amor al Señor. Quien tiene conciencia de pecado grave debe recibir antes la absolución sacramental; la confesión frecuente de pecados veniales es muy recomendada, pero no es condición necesaria antes de cada Comunión.
Artículo 137
Recibida la sagrada Comunión, es un deber ocuparse por algún tiempo en darle fervientes gracias al Señor. Nada mejor para esto que valerse de los sentimientos propios del corazón. Pero cuando no se hallare fácilmente recogimiento, se podrá acudir a las oraciones que para este caso se encuentran en los devocionarios. La religiosa que, a no mediar ocupación urgente, pasase menos de un cuarto de hora en esta acción de gracias, daría pruebas evidentes de un espíritu disipado, de una monstruosa ingratitud y de que su fe, si no está del todo muerta, camina precipitadamente hacia su extinción.
Aplicación 2026
Después de recibir la Sagrada Comunión, la hermana debe dedicar un tiempo conveniente a la acción de gracias. Nada ayuda tanto como hablar al Señor desde el corazón, adorarlo, agradecerle y ofrecerle la propia vida. Salir precipitadamente de este encuentro debilita el fruto espiritual recibido.
Artículo 138
No sólo durante la vida, sino principalmente cuando se acerca el fin de la misma, necesita nuestra alma fortificarse con el alimento de la Eucaristía. Por esto nuestra santa madre la Iglesia ordena a todos sus hijos que, cuando estén gravemente enfermos o en peligro de muerte, reciban la sagrada Comunión, que toma entonces el nombre de Viático. Esta palabra significa provisión para un viaje y se adapta perfectamente a las circunstancias del enfermo próximo a emprender el viaje a la eternidad.
Aplicación 2026
La Eucaristía fortalece a la hermana durante toda la vida y de modo especial cuando se acerca el paso definitivo hacia la eternidad. Por eso, la Iglesia ofrece el Viático a quienes se encuentran gravemente enfermos o en peligro de muerte, como alimento para el último camino hacia la casa del Padre.
Artículo 139
Por tanto, si recibir a tiempo oportuno el santo Viático es para todos los fieles una obligación rigurosa, lo es en cierto modo mayor para los religiosos. No se descuide, pues, la religiosa enferma de pedir por sí misma que se le administre este sacramento.
Aplicación 2026
Si recibir oportunamente el santo Viático es importante para todo fiel cristiano, lo es de modo particular para la hermana consagrada. La hermana enferma, si conserva conciencia y posibilidad de hacerlo, debe pedir con humildad este sacramento, para prepararse con fe y paz al encuentro con el Señor.
Artículo 140
Alguna vez podrá dudarse si el enfermo, por los accesos de tos, vómitos, etcétera, se halla en disposiciones de recibir el santo Viático. En tal caso, y para salir de la duda, podrá dársele una partícula sin consagrar; y si la pasa con facilidad, no habrá inconveniente alguno de administrarle la Sagrada Comunión. Cuando el sacerdote, dado el Viático, hubiere purificado los dedos en el vaso preparado para el efecto, se dará aquella ablución al enfermo.
Aplicación 2026
Cuando la enfermedad presente dificultades para recibir la Comunión, procédase con prudencia, respeto y orientación del sacerdote. La fraternidad debe cuidar que la hermana enferma sea acompañada con delicadeza, sin angustia ni descuido, procurando siempre que reciba los auxilios espirituales oportunos.
Artículo 141
Si la enferma, después de recibido el Viático, continuase enferma sin llegar a convalecer, se le podrá llevar la Sagrada Comunión, aunque no esté en ayunas, previo el dictamen del confesor.
Aplicación 2026
Si después de recibir el Viático la hermana continúa enferma sin recuperarse, podrá recibir nuevamente la Sagrada Comunión según lo permita su estado y lo indique la prudencia pastoral. La enfermedad no debe aislarla de la vida sacramental, sino acercarla más profundamente al Señor que la sostiene.
Artículo 142
Después del Viático aún le resta a la enferma recibir otro sacramento que le acabe de purificar de las reliquias de sus culpas, le aumente las gracias para sufrir las penalidades de sus dolencias, le robustezca contra las últimas tentaciones y el temor de la muerte, y le devuelva la salud si a Dios le place para su salvación. Este sacramento es el de la Extremaunción. La enferma lo debe pedir cuando hubiere comulgado por viático y solicitar que se le administre mientras conserva todo su conocimiento, para que pueda recibir con más abundancia los frutos espirituales que produce en las almas.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
La Unción de los Enfermos debe solicitarse oportunamente cuando la hermana comienza a estar en peligro por enfermedad o vejez, sin reservarla al último instante. En la atención sacramental continua, el orden habitual es Reconciliación, Unción y Eucaristía como Viático. La fraternidad acompaña con serenidad y sigue las orientaciones del sacerdote y del rito vigente.
Artículo 143
Para recibir dignamente la Extremaunción, la enferma debe purificar su alma, si fuere necesario, en el sacramento de la Penitencia; procurará excitar en su corazón vivos sentimientos de fe y de confianza en el Señor infinitamente misericordioso; hará actos frecuentes de resignación en la divina voluntad, abandonándose enteramente en brazos de la divina misericordia y providencia del Señor. Cuando el sacerdote fuere haciendo las unciones, se excitará al dolor de las culpas cometidas por cada uno de los sentidos; y al llegar el momento de hacer la recomendación del alma, acompañará con los labios, y si no pudiere con el corazón, las tiernas oraciones que la Iglesia usa en aquel trance para despedir a sus hijos de este valle de lágrimas a la mansión de la gloria. Y no se olvide de repetir a menudo los dulcísimos nombres de Jesús y de María y aquellas jaculatorias que le inspiraren más fervor, y de disponerse así a ganar la indulgencia plenaria concedida para el artículo de la muerte.
Aplicación 2026
Para recibir dignamente la Unción de los Enfermos, la hermana procure disponerse con fe, confianza, abandono en la voluntad de Dios y espíritu de reconciliación. Acompáñesele con oración, ternura y serenidad, ayudándola a repetir los nombres de Jesús, María y José, y a entregarse filialmente a la misericordia del Señor.
Parte II · Deberes de la religiosa para con Dios
Con el artículo 143 concluye «Modo de recibir los santos sacramentos» y termina la Segunda Parte del Manual de Urbanidad Religiosa.
Parte II completada · Artículos 38–143
Los ocho capítulos de esta sección recorren la gratitud por la vocación, el culto divino, el respeto en el templo, el Oficio Divino, la Santa Misa, las procesiones, la asistencia a iglesias públicas y la recepción de los santos sacramentos.
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