Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
Artículos del Capítulo VI
Artículo 100
Entre los actos religiosos con que la Iglesia tributa a Dios el culto público que le es debido ocupa un lugar principalísimo las procesiones, las cuales pudiéramos definir diciendo que son una marcha ordenada y religiosa del clero secular o regular y del pueblo, que por este medio rinde a Dios un culto exterior y público.
Aplicación 2026
Entre los actos de culto público con que la Iglesia honra a Dios, ocupan un lugar importante las procesiones. Son una marcha ordenada, religiosa y eclesial, por medio de la cual el pueblo de Dios manifiesta públicamente su fe, su adoración, su gratitud y su súplica ante el Señor.
Artículo 101
Las procesiones son establecidas para fomentar la sólida piedad entre los fieles, para rendir gracias a Dios por los beneficios recibidos y para implorar de su misericordia el remedio de los males públicos que nos afligen.
Aplicación 2026
Las procesiones ayudan a fomentar la piedad del pueblo cristiano, a dar gracias a Dios por sus beneficios y a implorar su misericordia ante las necesidades de la Iglesia y del mundo. La hermana HFIC debe participar en ellas con espíritu de fe, recogimiento y sentido eclesial.
Artículo 102
El origen de las procesiones se remonta al Antiguo Testamento y es en cierto modo divino, pues lo vemos consignado en la Sagrada Biblia.
Aplicación 2026
La tradición bíblica muestra que el pueblo creyente ha expresado su fe también por medio de signos, marchas y actos celebrados en común. Por eso, la procesión no debe entenderse como simple costumbre exterior, sino como gesto religioso que hace visible la fe del pueblo de Dios en camino hacia Dios.
Artículo 103
El tipo o modelo de las procesiones cristianas lo encontramos en el Nuevo Testamento, en aquella con que los judíos recibieron en Jerusalén a Cristo nuestro Redentor y que la Iglesia nos recuerda en el Domingo de Ramos. Y estuvieron en uso desde los principios de la Iglesia, pues los primeros fieles, guiados por sus Pontífices, se reunían en las catacumbas y ahí celebraban procesiones más solemnes por la caridad, por la fe y recogimiento que por la pompa exterior. Y más tarde, cuando el gran Constantino dio la paz a la Iglesia, san Silvestre y después los otros Papas reunieron con frecuencia al clero y al pueblo y comenzaron a celebrar con devoción y esplendor las procesiones públicas.
Aplicación 2026
El modelo cristiano de las procesiones se ilumina especialmente con la entrada de Jesús en Jerusalén, recordada por la Iglesia el Domingo de Ramos. Allí el pueblo recibió a Cristo como Rey humilde; por eso, toda procesión debe conservar un espíritu de fe, sobriedad, piedad y verdadero recogimiento, más que de lucimiento exterior.
Artículo 104
El origen, antigüedad y naturaleza de las procesiones indican con bastante claridad cuánta debe ser la modestia, así interior como exterior, la reverencia y recogimiento que en ellas deben observar los simples cristianos, y con más razón una religiosa, cuyo porte en todas partes debe respirar piedad y recogimiento; de lo contrario dará gran escándalo a las personas que la vieren.
Aplicación 2026
La naturaleza de las procesiones exige modestia interior y exterior, reverencia y compostura. La hermana consagrada debe recordar que su porte, su silencio, su modo de caminar y su actitud pueden edificar o distraer. En todo acto público de culto debe respirarse piedad y respeto.
Artículo 105
En cuanto al orden de nuestras procesiones debemos tener en cuenta que, si hubiere seglares, éstos irán detrás de las niñas si las hubiere; si no, delante de las postulantes; luego las postulantes, novicias y profesas por orden de antigüedad o de oficios; acercándose cerca del sacerdote la superiora y demás miembros principales de la comunidad, procurando que en cada lado haya igual número de personas para mayor orden.
Aplicación 2026
En las procesiones debe conservarse el orden establecido por la Iglesia, la fraternidad o quienes organizan el acto litúrgico. Cada hermana ocupará el lugar que le corresponda con sencillez, sin buscar preferencias ni alterar la disposición indicada. El orden exterior ayuda a la dignidad del culto y a la paz de la fraternidad.
Artículo 106
La marcha será pausada, pero no demasiado lenta. Durante la procesión, si no llevan velas ni flores en las manos, se llevarán los brazos cruzados dentro de las mangas del hábito; sus ojos modestos, pudiendo rezar en voz baja algunas oraciones en particular, pero nunca llevar un libro abierto.
Aplicación 2026
La marcha debe ser pausada, sobria y recogida, evitando tanto la prisa como la lentitud exagerada. Si no se llevan velas, flores u otros signos, las manos pueden ir recogidas con modestia. Durante la procesión conviene orar con voz baja o en silencio, evitando distracciones y gestos innecesarios.
Artículo 107
Si alguna vez aconteciese que la comunidad se viese precisada a tomar parte en alguna procesión extraña, deberá colocarse en el lugar que le corresponde o que designe la persona encargada de organizar la procesión.
Aplicación 2026
Si la fraternidad participa en una procesión organizada por otra fraternidad religiosa, parroquia o institución, la hermana debe colocarse en el lugar que se le asigne, sin imponer criterios propios. La urbanidad religiosa pide humildad para seguir las indicaciones legítimas y colaborar con el buen orden del culto público.
Artículo 108
Otro de los actos del culto externo que exige por nuestra parte un profundo respeto es la asistencia a los sermones. Grande importancia tiene para las religiosas este punto. Los sermones y pláticas que oímos tienen por objeto la explicación o la enseñanza de alguna verdad de nuestra santa fe, o la exhortación a la práctica de alguna virtud; o ya también poner a nuestra consideración los misterios de la vida de Nuestro Señor o de la Santísima Virgen, o el ejemplo de los santos para que los imitemos.
Aplicación 2026
Otro acto del culto externo que exige profundo respeto es la asistencia a los sermones, homilías o pláticas religiosas. Estos tienen como fin enseñar alguna verdad de la fe, mover a la práctica de la virtud, presentar los misterios de Cristo y de María, o proponer el ejemplo de los santos para que los imitemos.
Artículo 109
Sea cual fuere el argumento que desarrolle el sacerdote, a nosotras nos toca oír con atención y deseo de aprovecharnos, y no por simple curiosidad.
Aplicación 2026
Sea cual fuere el tema tratado, la hermana debe escuchar con atención, humildad y deseo de aprovechar espiritualmente. No asiste a la predicación por simple curiosidad, sino para dejarse iluminar, corregir, consolar y formar por la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia.
Artículo 110
Por lo que mira al respeto exterior que se ha de guardar en los sermones, es muy conveniente, conforme a la buena educación, estar al principio de rodillas, santiguarse cuando lo haga el orador y, cuando éste haya dicho el tema y saludado al auditorio o al Santísimo, podremos sentarnos en actitud reverente hasta el fin del exordio; y que nos arrodillemos para recitar con el predicador el Ave María. Repitiendo el tema y el saludo nos volveremos a sentar en la forma dicha. Y téngase presente que es una falta de urbanidad hacer ruido con los asientos al abrir y cerrar las puertas, reír y conversar con las del lado, o codearse por alguna cosa desagradable o viceversa; dar muestras de fastidio, ya removiéndose continuamente en el asiento, ya con señales de sueño, etcétera, o saliéndose de la capilla durante el sermón.
Aplicación 2026
Durante los sermones o pláticas, la hermana debe guardar respeto exterior: evitar ruidos con libros, papeles o asientos; no conversar, reír, mirar con curiosidad ni mostrar fastidio o sueño. Su actitud debe ayudar a crear un clima de escucha, recogimiento y reverencia.
Artículo 111
Tengamos los ojos bajos durante la predicación o mirando hacia el altar, pero nunca los fijemos con insistencia en el rostro del sacerdote, por ser grande falta de modestia y de educación, y porque puede mortificarse el sacerdote si se da cuenta.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
Durante la predicación conviene mantener una mirada sobria, respetuosa y atenta. Puede dirigirse al ambón, al altar o a quien predica, sin curiosidad ni insistencia incómoda. La modestia no exige bajar siempre los ojos: debe favorecer la escucha real de la Palabra y la comunicación propia de la homilía o plática.
Artículo 112
Terminado el sermón o plática hagamos reflexión sobre ella, pero sin ponernos a examinar las bellezas o defectos literarios que contiene, sino procurando aprovechar en la práctica el fruto de doctrina que se ha expuesto. Sería en extremo reprensible si después, a las horas de recreo o cuando conversan una con otra, se pusieran las religiosas a criticar al predicador, su desarrollo, sus ademanes, su entonación, etcétera; pues además de ser impropio sería indicio de un espíritu altivo, soberbio y mal educado, y una falta de respeto a los ministros de Dios, que nunca esperarán encontrar en las religiosas censores que critiquen las palabras que pronuncien a nombre de Jesucristo para el bien de las almas.
Aplicación 2026
Terminado el sermón, la hermana procure hacer breve reflexión sobre lo escuchado, buscando el fruto espiritual y no defectos de estilo, voz o expresión. Sería contrario a la urbanidad religiosa criticar después al predicador, pues la palabra recibida debe mover a conversión, no a juicio, soberbia o murmuración.
Artículo 113
Después de la predicación deberán salir del templo respetuosamente o, si hubiere de seguir algún acto de comunidad, se colocarán en sus asientos con mucho recogimiento.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
Terminada la predicación, la hermana conserva el recogimiento. Si sale del templo, lo hace con respeto y sin conversaciones que rompan bruscamente el clima de oración; si continúa otro acto litúrgico o fraterno, vuelve serenamente a su lugar.
Parte II · Deberes de la religiosa para con Dios
Con el artículo 113 concluye «De las procesiones y otros actos del culto público». El Manual continúa con el Capítulo VII: «Lo que hay que hacer o evitar cuando se asiste a la iglesia pública».
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