Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
Artículos del Capítulo IV
Artículo 80
Entre los deberes del religioso, uno de los principales es el del rezo diario del Oficio Divino, pensión sagrada que todos debemos pagar al Señor cantando sus alabanzas, las cuales debemos cantar con voz dulce y acorde y con verdadero espíritu, si queremos que sean dulces y sonoras, festivas y agradables al mismo Dios.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
La Liturgia de las Horas es oración de la Iglesia y ocupa un lugar central en la vida consagrada. Cada hermana la celebra dignamente según las prescripciones del derecho propio de la Congregación, uniendo su voz a la alabanza de Cristo y de todo el pueblo de Dios.
Artículo 81
Es el Oficio Divino un conjunto de oraciones entresacadas especialmente de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres. Se le da también el nombre de Horas Canónicas, las cuales están dispuestas con cierto orden y deben rezarlas cotidianamente los eclesiásticos y las religiosas para alabar a Dios en nombre de la Santa Iglesia.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
El Oficio Divino reúne salmos, cánticos, lecturas y oraciones de la Sagrada Escritura y de la tradición de la Iglesia. La hermana lo recibe como oración eclesial y lo celebra cada día conforme al derecho propio, no como una devoción meramente privada.
Artículo 82
Grande es, en efecto, la excelencia del Oficio Divino: en él es Dios quien pone en nuestros labios sus alabanzas y las de sus santos, como también los cánticos e himnos escritos bajo sus inspiraciones.
Aplicación 2026
Grande es la dignidad del Oficio Divino, porque en él la Iglesia pone en nuestros labios las alabanzas que elevamos al Señor. La hermana debe recibir esta oración como don y responsabilidad, sabiendo que por medio de ella santifica el día, alimenta su espíritu y fortalece su comunión con Dios y con la fraternidad.
Artículo 83
Son imponderables los bienes que del Oficio Divino resultan a los fieles en general, porque en verdad tiene aquél, como oración de la Iglesia, esposa de Cristo, una maravillosa eficacia para conmover, ablandar y convertir el corazón y también para obligar, en cierto modo, al Divino Sembrador que arrojó en él la semilla celestial. Además, dicho Oficio Divino hace que descienda sobre las almas el riego de copiosísimas aguas, pues viene a ser a manera de un manantial de aguas que brota hasta la vida eterna, o como el árbol de la vida que, plantado en el paraíso de la Iglesia, produce doce frutos, dando uno cada mes. Y adviértase por último que esta oración en común tiene a favor suyo la infalible promesa de ser escuchada por Aquel que dijo: «Donde dos o tres se hayan congregado en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos», y por eso cuanto pidieren en mi nombre les será otorgado por mi Padre que está en los cielos.
Aplicación 2026
Muchos bienes nacen del Oficio Divino, porque la oración común conmueve el corazón, sostiene la fe y atrae la gracia del Señor. Cuando las hermanas rezan unidas, se cumple de modo especial la promesa de Cristo: donde dos o tres se reúnen en su nombre, Él está en medio de ellas.
Artículo 84
Mas para hacernos participantes de tan saludable fruto, no basta rezar de cualquier modo el Oficio Divino, pues escrito está: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy lejos de Mí»; y bien pudiera, por desgracia, que esto aconteciese en una religiosa. De aquí debemos evitar en el rezo toda distracción o irreverencia culpable en un acto tan directamente encaminado a honrar al Señor y dar gloria a su santo nombre. Por eso la Santa Iglesia nos exhorta a que, antes de principiar las Horas Canónicas, tengamos presente la obligación de rezarlas digna, atenta y devotamente, para no correr el riesgo de que nuestras oraciones lleguen a convertirse en pecado.
Aplicación 2026
Para participar de estos frutos, no basta rezar de cualquier modo. La hermana debe evitar la rutina, la distracción voluntaria y la irreverencia, recordando que honra a Dios con palabras santas. Antes de comenzar, procure recogerse interiormente para que su corazón no esté lejos de lo que pronuncian sus labios.
Artículo 85
Tres son las principales cosas a que debemos atender en el rezo del Oficio Divino: reverencia, diligencia y modestia. La reverencia debe ser interior y exterior. La primera consiste en que cantemos las divinas alabanzas con el temor y humildad que tendríamos si visiblemente estuviéramos en la presencia de Dios; pues, si es cierto que el Señor está presente en todas partes, lo está de un modo especial cuando nos congregamos en el coro o en la iglesia para recitar los divinos oficios. Y así debemos procurar, con gran recogimiento, que el espíritu esté conforme con las palabras que pronuncian los labios.
Aplicación 2026
En el rezo del Oficio Divino conviene atender a tres cosas principales: reverencia, diligencia y modestia. La reverencia debe ser interior y exterior: interior, porque el alma se reconoce ante Dios; exterior, porque el cuerpo, la voz y la postura deben manifestar respeto y recogimiento.
Artículo 86
Para guardar la reverencia exterior es preciso conservar durante el Oficio Divino una actitud circunspecta y respetuosa, y tener mucho cuidado de no hacer movimientos inmoderados con las manos o la cabeza, sino observar puntualmente las inclinaciones, genuflexiones y demás ceremonias prescritas para las respectivas partes del oficio.
Aplicación 2026
Para guardar la reverencia exterior, la hermana debe permanecer con actitud respetuosa, sin divagar con la mirada ni hacer movimientos innecesarios. También debe observar con atención las inclinaciones, posturas y gestos que pide la oración en común, para que el rezo común se realice con armonía, orden y espíritu de fe.
Artículo 87
La segunda cosa que se debe tener presente en el Oficio Divino es la diligencia, o sea la conveniente solicitud que se ha de tener en registrar cuidadosamente con alguna anticipación los libros y preparar lo que tengamos que leer o cantar en comunidad, para que no se perturbe el rezo ni se distraigan notablemente las compañeras que están próximas por no haber tomado estas precauciones.
Aplicación 2026
La diligencia exige preparar con anticipación lo necesario para el Oficio Divino: libro, aplicación autorizada, lectura, tono, salmo o parte que corresponda. No conviene llegar al momento de la oración buscando apresuradamente lo que debió prepararse antes, porque esto distrae a la fraternidad y debilita el recogimiento.
Artículo 88
Es igualmente contraria a la diligencia el rezar con pereza o pronunciar las palabras de modo descuidado, como también precipitarse y adelantarse a las demás. Tampoco se ha de rezar con excesiva lentitud, prolongando innecesariamente lo que llamamos pausa. Conviene guardar el ritmo señalado por la rúbrica y la debida uniformidad, no sólo en el rezo del Oficio Divino, sino en todos los rezos de la comunidad.
Aplicación 2026
También falta a la diligencia quien reza con pereza, postura descuidada, voz apagada o excesiva lentitud; y también quien se precipita hasta mutilar las palabras. La oración común pide ritmo moderado, voz clara, atención compartida y unidad, para que todas puedan alabar al Señor con serenidad.
Artículo 89
En tercer lugar, para la devota recitación del Oficio Divino se requiere la modestia, o sea la compostura exterior y honesta gravedad que debe resplandecer en toda religiosa. Es, por tanto, contrario a esta modestia no dar punto de reposo a las manos, revolviendo sin necesidad las hojas de los libros; apoyarse ora en un pie, ora en otro; extender desmesuradamente las piernas cuando están sentadas; reír o hablar con la que se tiene al lado; hacer estruendo con las sillas al pararse o al sentarse; no evitar cualquier ruido impertinente al tiempo que la hebdomadaria o cantora rezare algo en particular, como las Capítulas, etcétera. La misma compostura exterior se ha de observar en el rezo de las demás oraciones de comunidad. Y no menos dignos de reprensión son los defectos de salirse con frecuencia del coro o capilla sin causa razonable y no hacer al salir la debida inclinación de cabeza a la comunidad; comenzar a leer antes de que se hayan sentado las demás religiosas o sentarse antes de que lo haga la superiora. Lo referente a las inclinaciones y genuflexiones está indicado en nuestro Ceremonial. Es asimismo falta de educación querer la religiosa que llega tarde a la capilla que la superiora le atienda el asunto que lleva, pues si éste fuera de urgencia la superiora saldrá fuera para informarse de ello; pero solamente por querer ser atendida no debe quitar la atención a la superiora, ni mucho menos cuando ella esté dirigiendo el rezo, pues sucedería que por atender a la religiosa se distraería del rezo y se haría hasta notorio si por esta causa tenía que volver a empezar la oración interrumpida. Cada una debe saber sus deberes para que lo menos posible se traten asuntos durante los ejercicios de piedad, y nunca todavía durante el rezo del Oficio Divino, sino que, si hubiere algún asunto, lo indicará a la superiora al terminar el Oficio.
Aplicación 2026
La modestia en el Oficio Divino pide compostura exterior y gravedad sencilla. La hermana debe evitar movimientos innecesarios, ruidos, conversaciones, risas, posturas llamativas o distracciones con libros, bancas, objetos o dispositivos. La misma compostura debe guardarse en todas las oraciones en común.
Artículo 90
Como consecuencia de todo lo advertido, es muy justo que durante el rezo del Oficio Divino evitemos todo defecto o falta exterior que pudiera perturbar a las hermanas o faltar a la observancia regular. Puesto que cuanto mayor sea la diligencia y fervor, tanto mayor será el espíritu y fervor de una comunidad; mientras que, por el contrario, la negligencia y el poco cuidado de las religiosas jóvenes ejercen una influencia desfavorable en el estado religioso. Y esto se comprueba con aquella sentencia de san Bernardo: «¿No es un intolerable abuso tener la boca en el coro y el corazón en el foro?». Y puede decirse que no es verdadero siervo de Dios quien muestra negligencia en uno de los principales actos del servicio del Señor, como el rezo de las Horas Canónicas, llamado Oficio o servicio divino.
Aplicación 2026
Estas advertencias son necesarias porque el Oficio Divino es uno de los fundamentos de la vida religiosa. Cuando se reza con diligencia, aumenta el fervor de la fraternidad; cuando se descuida, crecen la tibieza y la rutina. No es buen signo tener la boca en la oración y el corazón lejos del Señor.
Artículo 91
Como complemento de lo dicho hasta aquí, indicaremos que serían faltas muy reprensibles en una religiosa mostrarse perezosa y negligente durante el rezo del Oficio Divino; no obligar al cuerpo a servir al espíritu para que ambas sustancias alaben al Señor; mostrarse curiosa y disipadamente a uno y otro lado, pretendiendo averiguar cuánto hacen las demás; dejarse llevar de la risa o entregarse a charlas inútiles; cometer culpables distracciones a sí misma y a las demás; pronunciar a medias y sin la debida reverencia o integridad las palabras de los salmos y de las demás partes del rezo, así como las oraciones que se rezan en comunidad; o hacerlo con voz gangosa, destemplada y repugnante. No prepararse con el mayor recogimiento posible, proceder de otra manera y pretender estar con devoción en el rezo viene a ser como tentar al mismo Dios.
Aplicación 2026
Serían faltas reprensibles durante el Oficio Divino mostrarse perezosa, distraída, curiosa, habladora, imprecisa al pronunciar, descuidada en la voz o poco recogida. La hermana debe ayudar al coro con su presencia, no perturbarlo; servir al espíritu con el cuerpo, no dejar que el cuerpo gobierne la oración.
Artículo 92
Esta última advertencia es de grandísima importancia. La causa principal de hallarnos tan descuidadas y poco fervorosas, tanto en el rezo del Oficio Divino como en la oración y demás rezos de comunidad, consiste en no ejercitarnos en el recogimiento y devoción antes de comenzar; y por eso, de igual modo que entramos en la capilla tibias y negligentes, así salimos también con el corazón del todo tibio y disipado. Para remediar este mal debemos no sólo prepararnos en la forma dicha, sino rechazar desde el principio toda clase de pensamientos malos, perversos e impropios de aquel lugar, y fijar nuestra atención en las palabras, en el sentido que tienen o en el misterio que encierran. Y aún no basta esto: la religiosa bien educada procurará conservarse recogida algún tiempo después de terminar, tanto en el Oficio como en las demás oraciones vocales, sin distraerse desde luego en cosas vanas o impertinentes; y dado que en este caso no pueda permanecer interiormente devota, procure guardar al menos cierta gravedad y compostura exterior por consideración a Dios y para edificación del prójimo.
Aplicación 2026
Para rezar con fruto, es necesario prepararse antes de comenzar y recogerse también al terminar. La hermana procurará apartar pensamientos impropios, atender al sentido de las palabras y conservar después de la oración cierta gravedad interior y exterior. Así evita salir de la capilla con el corazón disperso.
Artículo 93
Antes de terminar la presente materia, diremos que, si bien es cierto que cuando rezamos el Oficio Divino y otras oraciones vocales fuera de la comunidad no estamos obligadas a observar las ceremonias, conviene, sin embargo, que guardemos proporcionalmente la reverencia, diligencia y modestia, con las demás prescripciones que dejamos indicadas. El mismo es, en efecto, aquel Señor a quien rendimos culto en común que Aquel a quien se lo rendimos en particular.
Aplicación 2026
Aunque algunas oraciones vocales se hagan fuera de la oración en común, conviene guardar siempre proporción de reverencia, diligencia y modestia. El Señor a quien se ora en común es el mismo a quien se ora en privado; por eso, la hermana debe cuidar su trato con Dios en toda circunstancia.
Parte II · Deberes de la religiosa para con Dios
Con el artículo 93 concluye «Del rezo del Oficio Divino». El Manual continúa con el Capítulo V: «De la asistencia a la Santa Misa».
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