Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
Artículos del Capítulo III
Artículo 51
Nadie ignora que el templo es la casa del Señor. Es de fe que Dios está en todas partes por esencia, presencia y potencia; pero así como es reservada la mansión celestial para manifestar en ella su gloria a los bienaventurados, así también mora en la tierra de un modo especial en los templos que la Religión le consagra para rendirle el culto que le es debido, principalmente con el rezo del Oficio Divino y con la oblación del incruento sacrificio de la Misa.
Aplicación 2026
El templo es la casa del Señor, lugar consagrado para darle culto y encontrarnos con Él de manera especial. Aunque Dios está presente en todas partes, la capilla y la iglesia reclaman de la hermana una actitud particular de reverencia, silencio, recogimiento y amor, especialmente ante la Eucaristía y en la celebración litúrgica.
Artículo 52
Los templos no son exclusivamente del cristianismo; los tienen todas las demás religiones y los hubo ya en la ley antigua.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
A lo largo de la historia, muchas tradiciones religiosas han reservado lugares para la oración, la memoria sagrada y el encuentro con lo trascendente. La hermana reconoce esta realidad con respeto y, en el templo cristiano, vive la reverencia propia de la fe de la Iglesia y de la presencia sacramental del Señor.
Artículo 53
Nada tan fácil como convencerse del respeto que Dios exige en el templo. Las prescripciones dictadas por Dios para la consagración de los sacerdotes; las augustas ceremonias señaladas también por el Señor para el ejercicio de las funciones levíticas y sacerdotales; la magnificencia extraordinaria desplegada por Salomón en la dedicación de su grandioso templo: todo nos indica la veneración, el recogimiento y la compostura que debemos tener en nuestros templos. Aquellas palabras dirigidas por Dios a su pueblo: «Tened un temor reverencial en mi santuario, porque yo soy el Señor», no deben borrarse de nuestra mente cada vez que nos dirijamos a nuestras iglesias, en las cuales mora real y sustancialmente la Majestad divina oculta bajo los velos de la Santa Eucaristía. De esta veneración, recogimiento y compostura pueden servir de ejemplo los mismos judíos, quienes para entrar en el templo se descalzaban, sacudían el polvo de sus pies y nunca lo atravesaban de un lado a otro por el respeto que éste les inspiraba. ¡Qué lección para los cristianos y mucho más para las religiosas!
Aplicación 2026
La Sagrada Escritura y la tradición de la Iglesia enseñan el profundo respeto que merece el templo. Por eso, la hermana debe entrar y permanecer en él con espíritu de fe, compostura y recogimiento, recordando que allí no se está ante una simple reunión humana, sino ante el Dios vivo que merece adoración.
Artículo 54
También nos convenceremos por el relato del santo Evangelio, a causa de la terrible severidad con que el mansísimo Jesús castigó a los profanadores del templo de Jerusalén. Entró una vez en él y, al ver el trato indigno que allí se hacía por los usureros y mercaderes que había, hizo de cuerdas un látigo y los arrojó a todos fuera, diciéndoles con indignación: «Escrito está: Mi casa es casa de oración y vosotros la habéis convertido en cueva de ladrones». ¡Quiera el cielo que jamás nos hagamos las religiosas reas de semejantes castigos por nuestra irreverencia en la iglesia!
Aplicación 2026
El Evangelio nos muestra con claridad el celo de Jesús por la casa de su Padre, cuando expulsó del templo a quienes lo habían convertido en lugar de comercio. Este ejemplo debe mover a la hermana a evitar toda irreverencia, ligereza o descuido en la iglesia, procurando que el templo sea siempre respetado como casa de oración.
Artículo 55
Por otra parte, este respeto en el templo es tan conforme a la razón natural que todas las personas de mediana educación lo guardan escrupulosamente, cualesquiera que sean sus creencias. ¿Cómo, pues, nos deberemos conducir nosotras las religiosas en la presencia de nuestro Dios, ante el cual se inclinan llenos de temor los ángeles del cielo?
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
El respeto al templo nace de la fe, de la caridad y de la conciencia de estar ante Dios. También puede ser reconocido como gesto de consideración por quienes visitan un lugar sagrado desde otras convicciones. La hermana evita juzgar la educación o la calidad moral de las personas por un solo gesto exterior y ofrece, con sencillez, un testimonio reverente.
Artículo 56
Indiquemos ahora las principales muestras del respeto que deben darse en nuestra capilla, observando además todas las prescripciones anotadas en nuestro Manual en la sección segunda. El respeto exige que nos presentemos con aquella gravedad y circunspección que deben acompañarnos en presencia del que es Señor del cielo y de la tierra; que nuestro traje esté arreglado y limpio, aunque sin afectación, y que nuestro porte general indique a cuantos nos vean que estamos íntimamente penetradas de profundo respeto a su Divina Majestad.
Aplicación 2026
Las principales muestras de respeto en el templo se manifiestan en la gravedad religiosa, la circunspección, el silencio, el porte exterior y el cuidado del hábito. La hermana debe presentarse limpia, arreglada con sencillez y sin afectación, de modo que su presencia revele profundo respeto a la Divina Majestad.
Artículo 57
El respeto exige también que nuestra postura sea reverente, que nos abstengamos de volver la cara a cualquier parte para ver a las personas, que evitemos toda palabra inútil y todo aquello que pudiera causar risa o ser motivo de distracción para las demás o para nosotras mismas.
Aplicación 2026
El respeto en el templo exige una postura reverente y recogida. La hermana debe evitar volver la mirada con curiosidad, hablar sin necesidad, distraer a otras personas o realizar gestos que puedan provocar risa, desorden o falta de atención. La capilla pide presencia entera: cuerpo, mente y corazón ante Dios.
Artículo 58
El estar de rodillas es lo más propio, pero si la necesidad nos obliga a sentarnos, hagámoslo con aquella modestia que conviene a una religiosa en presencia de su Dios.
Aplicación 2026
Estar de rodillas es una postura muy propia de adoración y humildad; pero si la necesidad obliga a sentarse, hágase con modestia y serenidad. Lo importante es que la postura, sea de pie, sentada o de rodillas, exprese respeto y ayude al recogimiento propio y al de las demás.
Artículo 59
Nunca debe manifestarse en nuestra actitud descuido y flojedad, pues esto sería motivo de desedificación para los niños que se educan en nuestros colegios y quizá de escándalo para los seglares que nos vieran.
Aplicación 2026
Nunca debe manifestarse en el templo descuido, flojedad o abandono. Una actitud distraída o negligente puede desedificar a quienes nos observan, especialmente a niñas, niños, jóvenes o personas que buscan ejemplo. La hermana debe recordar que también su cuerpo educa y evangeliza.
Artículo 60
Al estar de rodillas no nos cubramos la cara con la mano, pues no nos atreveríamos a hacerlo delante de una persona de respeto, sino tengamos las manos modestamente cruzadas ante el pecho o sobre el respaldo de la silla o de la siguiente banca, si es que nos queda a una altura regular.
Aplicación 2026
Al estar de rodillas o en oración, la hermana cuide la posición de sus manos y de su cuerpo con natural modestia. No se trata de rigidez, sino de expresar con sencillez que está ante Dios. Las posturas deben ayudar a la oración, no llamar la atención ni perturbar a las demás.
Artículo 61
Nuestra mirada no debe vagar al acaso por toda la capilla, pues así como sería una falta de respeto imperdonable voltear hacia otra parte cuando una persona superior nos hablase, así también es una gran falta de reverencia estar divagadas mientras hablamos, no con un rey de la tierra, sino con el Creador Supremo del universo.
Aplicación 2026
La mirada debe custodiar el recogimiento. No conviene que vague por toda la capilla, ni que busque personas o detalles que distraigan. Si en la oración hablamos con el Creador del universo, procuremos que también los ojos ayuden al alma a permanecer ante Él.
Artículo 62
La santidad del templo exige en toda persona, y mucho más en la religiosa, un profundo silencio que tanto contribuye al recogimiento. Por tanto, en la iglesia nos hemos de abstener de toda conversación o palabra que no sea necesaria, ni debemos saludar a nadie, a no ser que lo exijan circunstancias especiales; y aun en este caso, con una simple y respetuosa inclinación de cabeza, pero sin dar nunca la mano como se permite en otros lugares.
Aplicación 2026
La santidad del templo exige silencio. En la iglesia o capilla deben evitarse conversaciones, saludos innecesarios, ruidos y palabras que distraigan. Cuando por alguna razón sea preciso saludar o responder, hágase con sobriedad, respeto y brevedad, conservando el ambiente de oración.
Artículo 63
La piedad, como virtud, tiene su parte interna que va directamente al alma, pero tiene también su parte externa, formada por los diversos actos del culto, que contribuyen poderosamente a fomentar la primera y hacerla más solemne.
Aplicación 2026
La piedad tiene una parte interior y una parte exterior. La interior nace del alma que ama y adora; la exterior se expresa en gestos, posturas, signos y actos de culto. Ambas deben sostenerse mutuamente, para que la oración de la hermana sea sincera, digna y bien ordenada.
Artículo 64
La piedad nos obliga a fijarnos en hacer todos los actos del culto con la puntualidad más estricta, siguiendo en ello las costumbres de la comunidad y las prescripciones litúrgicas; a hacer bien las ceremonias, como las genuflexiones, la señal de la cruz, las inclinaciones en el rezo del Oficio, guardando las ceremonias que corresponden al Santo Sacrificio de la Misa.
Aplicación 2026
Los actos de culto deben realizarse con puntualidad, atención y respeto a las normas litúrgicas y a las costumbres legítimas de la fraternidad. La señal de la cruz, la genuflexión, las inclinaciones, las respuestas y la participación en la Santa Misa deben hacerse con fe, sin prisa, sin descuido y sin mecanicismo.
Artículo 65
Si es un acto de comunidad, ocuparemos el lugar que nos corresponde, procurando no molestar a nadie ni interrumpir el orden establecido. Tengamos cuidado de hacer bien la señal de la cruz, pues muchas veces sucede que se hace con tal precipitación que en lugar de cruces resultan garabatos. No hay que olvidar que las niñas no pierden un solo movimiento de las maestras, y sería muy desedificante que una religiosa no sepa persignarse.
Aplicación 2026
En los actos de la fraternidad, la hermana ocupará el lugar que le corresponde, procurando no interrumpir el orden ni molestar a nadie. Aun los gestos sencillos, como persignarse, arrodillarse, sentarse o levantarse, deben hacerse con serenidad y cuidado, porque la oración común pide armonía y atención.
Artículo 66
Debemos evitar toda sonrisa y toda mirada curiosa; más bien procuremos ver el altar o el libro en que rezamos. Con igual cuidado se debe evitar en el templo todo ruido estrepitoso, como también el rezar cada una sus devociones particulares en voz tan alta que distraiga a las demás. Podrá suceder que alguna vez entremos en algún templo para observar sus bellezas arquitectónicas o sus esculturas, pero debemos hacerlo en aquellas horas en que no se hallen reunidos los fieles para un acto religioso y en las que sea menor el concurso, hablando siempre en voz baja.
Aplicación 2026
En el templo se evitarán sonrisas inoportunas, miradas curiosas, ruidos y devociones particulares hechas en voz tan alta que distraigan a las demás. Si se visita una iglesia por su belleza artística, hágase con respeto y en el momento oportuno, recordando que antes de ser obra bella, es casa de Dios.
Artículo 67
Prescindiendo de los actos de comunidad en que cada una tiene su lugar señalado, conviene que nos acostumbremos, siempre que nos sea posible, a un sitio retirado y propio para el recogimiento. Para esto ayudará mucho tener los ojos bajos; esto último debe hacerse especialmente al entrar y salir de la capilla y al volver de comulgar.
Aplicación 2026
Fuera de los actos comunes de la fraternidad, conviene buscar un lugar que favorezca el recogimiento. Al entrar y salir de la capilla, y especialmente al acercarse a comulgar, la hermana debe hacerlo con modestia, serenidad y ojos recogidos, dejando que todo su porte manifieste fe y reverencia.
Artículo 68
Al apoyar los brazos en la banca no carguemos el peso del cuerpo en ella, porque esto denotaría pereza y descuido y produciría muy mal efecto en cuantos nos vieran.
Aplicación 2026
Al apoyarse en la banca o permanecer sentada, la hermana evite posturas que manifiesten pereza, cansancio descuidado o falta de atención. Aunque el cuerpo esté fatigado, puede conservarse una actitud digna que ayude al recogimiento propio y no cause mal ejemplo a quienes la ven.
Artículo 69
Si por algún motivo tuviéramos necesidad de salir, quedémonos desde que entremos en el extremo de la banca, a fin de no tener que atravesar para no ser molestas a las demás.
Aplicación 2026
Si por alguna necesidad se prevé salir de la capilla, conviene colocarse desde el inicio en un lugar que permita hacerlo sin atravesar ni distraer a las demás. La caridad en el templo consiste también en no interrumpir la oración de la fraternidad.
Artículo 70
Si dirigimos los rezos no lo hagamos con tanto apresuramiento que mutilemos las palabras, como si deseáramos terminar cuanto antes; pero tampoco tan despacio que dé motivo de fastidio a los que rezan en nuestra compañía.
Aplicación 2026
Si la hermana dirige los rezos, hágalo con ritmo claro, sereno y comprensible: ni tan aprisa que mutile las palabras, ni tan despacio que fatigue a quienes rezan. Quien guía la oración debe ayudar al recogimiento, no imponer su modo personal ni buscar protagonismo.
Artículo 71
Estemos solas o acompañadas, no tomemos ciertas posturas que nos harían no sólo singulares sino ridículas; nuestra piedad debe ser sólida y verdadera, no afectada; la naturalidad debe ser un sello característico. No se avergüencen de los actos exteriores de piedad, mas no por eso hagan alarde de ellos, porque tanto edifican los que se hacen con naturalidad como disgustan los que se fingen o exageran.
Aplicación 2026
La piedad debe ser sólida, verdadera y natural. La hermana no debe avergonzarse de los actos exteriores de fe, pero tampoco hacer alarde de ellos. La devoción fingida o exagerada desagrada; la devoción sencilla y auténtica edifica.
Artículo 72
Al estar en la capilla cuidemos de no estarnos moviendo continuamente, pues además de ser molesto para las que están cerca, distrae a las personas esa inquietud que fácilmente podemos evitar con un poco de mortificación. Si nos sentamos, hagámoslo sin hacer ruido, sobre todo con el rosario o corona cuando estamos en meditación o en cualquier otro acto que requiera silencio y recogimiento.
Aplicación 2026
En la capilla evítese moverse continuamente, hacer ruido al sentarse o levantarse, acomodarse con inquietud o distraer a quienes están cerca. La mortificación de pequeños movimientos ayuda al silencio interior y expresa respeto por la oración de las demás.
Artículo 73
No nos recarguemos de modo que molestemos a las que están arrodilladas detrás, y éstas por su parte procuren quitar del respaldo toda cosa que estorbe a las otras para sentarse, pues de lo contrario las obligaremos a estar en una posición más penosa que estar de rodillas.
Aplicación 2026
Al sentarse o arrodillarse, la hermana cuide no molestar a quienes están cerca o detrás. También procure retirar de la banca o del respaldo aquello que estorbe a otras personas. La caridad se muestra en estos detalles pequeños que hacen más amable la oración común.
Artículo 74
Procuremos contener en cuanto nos sea posible las necesidades naturales de toser, estornudar, etcétera, pues muchas veces sucede que un estornudo o una tos inoportuna hacen perder parte de la lectura interesante de un punto de meditación. Si no podemos evitarlo del todo, al menos busquemos el tiempo oportuno y procuremos ahogar el ruido que produce con el pañuelo.
Aplicación 2026
Cuando sea necesario toser, estornudar o atender alguna necesidad natural, hágase con la mayor discreción posible. Si no puede evitarse, procure la hermana disminuir el ruido y la distracción. El respeto al templo pide cuidar aun aquello que parece pequeño.
Artículo 75
Sería una falta imperdonable escupir en la capilla; y cuando la necesidad nos obligue a ello, hagámoslo en el pañuelo y nunca demos el repugnante aspecto de un pañuelo ensangrentado, que causaría náuseas a las que están cerca de nosotras.
Aplicación 2026
Debe evitarse toda falta de limpieza o delicadeza en la capilla. Si alguna necesidad corporal obliga a usar pañuelo u otro medio, hágase con respeto y discreción, sin dejar nada que cause repugnancia o incomodidad a las demás. La casa de Dios debe conservarse limpia y digna.
Artículo 76
Cuando lleguemos tarde a la capilla, al ir a nuestro lugar debemos hacerlo por delante de las religiosas, o de tal modo que evitemos mortificarlas o interrumpirlas, especialmente cuando se está rezando el Oficio Divino; y nunca debemos reclamar con malos modos el sitio que deseamos. Si otra hermana se pone en la misma banca en que estamos, aumentando el número ordinario, ya sea en la capilla, en el refectorio o en cualquier otro sitio, no manifestemos en los movimientos ni en el semblante el disgusto que esto nos causa; antes bien, procuremos hacerle lugar aunque tengamos que mortificarnos, prefiriendo perder un poco de comodidad por no lastimar la caridad.
Aplicación 2026
Si la hermana llega tarde a la capilla, entre con discreción, sin interrumpir, sin reclamar lugar y sin manifestar disgusto si debe acomodarse en otro sitio. Es preferible perder un poco de comodidad antes que lastimar la caridad o distraer a la fraternidad en oración.
Artículo 77
Como por lo general tenemos cierto orden para entrar y salir de la capilla, debemos esforzarnos en conservarlo escrupulosamente.
Aplicación 2026
Cuando exista un orden establecido para entrar, salir, sentarse o colocarse en la capilla, debe conservarse fielmente. El orden exterior ayuda al orden interior y evita confusiones, interrupciones o preferencias personales que pueden turbar la oración común.
Artículo 78
Las reglas apuntadas en los capítulos anteriores debemos hacerlas observar a las niñas de nuestros colegios, enseñándolas no sólo de palabra, en las clases especiales que sobre esto les demos, sino más todavía por medio del ejemplo. Pues no olvidemos que las palabras persuaden, pero el ejemplo arrastra.
Aplicación 2026
Las reglas de respeto en el templo deben enseñarse también a niñas, niños, jóvenes, alumnas, colaboradores y personas confiadas a nuestros apostolados, no solo con palabras, sino sobre todo con el ejemplo, cuidando siempre un trato respetuoso, prudente y seguro, conforme a la dignidad de cada persona. Las palabras orientan, pero el testimonio arrastra.
Artículo 79
Que ellas nunca noten en nosotras ligereza, falta de piedad o de modestia en nuestro porte, porque con seguridad harán lo que nos vean hacer, pues los discípulos son el retrato de sus maestras. Hagamos, pues, que en todas partes, pero especialmente en la capilla, vean ellas confirmado el alto concepto que toda persona sensata se forma de las religiosas.
Aplicación 2026
Quienes nos observan, especialmente los pequeños y los jóvenes, no deben notar en nosotras ligereza, falta de piedad o poca modestia en la capilla. La hermana HFIC debe procurar que su presencia confirme el alto concepto que se espera de una mujer consagrada: serena, reverente, humilde y profundamente habitada por Dios.
Parte II · Deberes de la religiosa para con Dios
Con el artículo 79 concluye «Respeto que se debe guardar en el templo». El Manual continúa con el Capítulo IV.
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