Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
Artículos del Capítulo V
Artículo 94
La Misa es la reproducción continua e incruenta del Sacrificio sangriento que de sí mismo hizo Jesucristo en el árbol santo de la cruz, ofreciéndose al Eterno Padre como víctima por los pecados del mundo; pues la Hostia de la cruz y del altar es una misma, y el mismo también el Sacerdote; el de la ley de gracia no es más que su ministro visible, encargado por el Salvador de inmolar el Cordero de Dios, cuya sangre borra los pecados del mundo.
Aplicación 2026
La Eucaristía es el memorial vivo del Sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre por la salvación del mundo. En ella, el mismo Señor Jesús se entrega como Cordero de Dios que quita el pecado, y la hermana HFIC debe acercarse a este misterio con fe, adoración, gratitud y profundo recogimiento.
Artículo 95
Entre los cristianos nadie debe ignorar ser un dogma de nuestra fe que la Misa es un sacrificio real y verdadero, por haberlo así definido el Tridentino en el canon primero de la citada sesión XXII, por estas palabras: «Si alguno dijere que en la Misa no se ofrece a Dios un verdadero y propio sacrificio, sea excomulgado». Este sacrificio se ofrece al Señor por toda la redondez de la tierra y contiene en sí más perfecto valor y mérito que todos los de la antigua alianza, que dejaron de existir desde que apareció el de Jesucristo, del cual aquéllos sólo son símbolo y figura.
Aplicación 2026
La Santa Misa es verdadero sacrificio y centro de la vida cristiana. En ella se actualiza sacramentalmente la entrega de Cristo, único y perfecto sacrificio de la nueva alianza. Por eso, la hermana no asiste a una simple ceremonia, sino al misterio de la fe, donde Cristo se ofrece y nos une a su oblación.
Artículo 96
Ofrece, además, dicho sacrificio la inmensa ventaja de reunir en sí todos los fines para los cuales fueron ordenados los sacrificios, tanto en la antigua como en la nueva ley. Es, en efecto, latréutico, porque en la Misa damos a Dios un culto de infinita grandeza, porque la víctima que se le ofrece es de valor también infinito, reconociendo el supremo dominio que tiene el Señor sobre todas las cosas. Es eucarístico, pues de otra manera no podríamos manifestar a Dios nuestro agradecimiento que por el Sacrificio de la Misa, en el que le ofrecemos su mismo Hijo muy amado, en quien Él tiene todas sus complacencias. Es, como lo enseña la Santa Iglesia, propiciatorio, ya que con él satisfacemos a la Justicia divina por nuestros pecados, alcanzamos la remisión de las penas debidas por los pecados y hasta podemos aliviar a las almas del purgatorio. Y es, por último, impetratorio, porque con él obtenemos de la divina bondad los auxilios de la gracia, el remedio de nuestros males y los bienes necesarios en orden a la salvación. Diremos, en compendio, que la Misa es considerada como el centro y fin de toda la Religión y del culto que debemos tributar al Señor. De aquí es que se llame «el misterio de la fe», por contener la Hostia consagrada al autor y consumador de nuestra fe.
Aplicación 2026
En la Eucaristía se reúnen los fines más altos del culto: adoración, acción de gracias, reparación e intercesión. Allí alabamos la grandeza de Dios, agradecemos sus beneficios, presentamos nuestras necesidades y nos unimos a Cristo para reparar, con amor, las heridas del pecado y de la viña del Señor.
Artículo 97
Las religiosas deben ser solícitas en asistir diariamente a la santa Misa, pues no daría prueba de buen espíritu aquella que, teniéndola en casa, la dejase de oír, a no ser que alguna causa grave aprobada por la superiora se lo impida.
Aplicación 2026
Las hermanas deben ser solícitas en participar diariamente en la Santa Misa, siempre que les sea posible. Quien tiene este don en la propia casa o fraternidad debe recibirlo con especial gratitud, evitando ausentarse sin causa justa. La Eucaristía sostiene la vocación, alimenta la caridad y fortalece la misión.
Artículo 98
La santidad que encierra el augusto Sacrificio exige que se asista a su celebración con toda la devoción y recogimiento posibles, evitándose todos aquellos defectos de que ya hablamos al tratar del rezo del Oficio y demás oraciones vocales, defectos que hacen perder la reverencia debida a la obra de Dios y que, de cometerlos, nos pondrían en peligro de incurrir en aquel anatema fulminado en los libros santos: «Maldito el que hace la obra de Dios con negligencia».
Aplicación 2026
La santidad del augusto Sacrificio exige asistir a la Eucaristía con devoción, recogimiento y reverencia, evitando distracciones, descuidos, posturas negligentes o actitudes que disminuyan el respeto debido a la obra de Dios. En la Misa, la hermana debe procurar que su cuerpo, su voz y su corazón estén unidos en adoración.
Artículo 99
A fin de conseguir fácilmente la devoción y el recogimiento al oír la santa Misa, el mejor medio es meditar en la Pasión del Señor, rezar algunas devociones vocales en voz baja o seguir el método marcado en algunos libros devotos, o alguna lectura en algún libro espiritual, siempre que ésta no sea por estudio ni menos por curiosidad y de ninguna manera impida la atención a las partes principales del Sacrificio.
Aplicación 2026 · Propuesta editorial
Para participar con fruto en la Eucaristía, la hermana une su mente y su corazón a la acción litúrgica, escucha la Palabra, responde a las oraciones y ofrece su vida con Cristo. Puede servirse de un misal u otro subsidio legítimo cuando ayude; evita devociones o lecturas privadas que la aparten de las partes principales de la celebración.
Parte II · Deberes de la religiosa para con Dios
Con el artículo 99 concluye «De la asistencia a la Santa Misa». El Manual continúa con el Capítulo VI: «De las procesiones y otros actos del culto público».
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