Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
CRITERIO TRANSVERSAL DE 2026
La paciencia y la docilidad espiritual no sustituyen la información clínica, el consentimiento ni el acceso a una atención adecuada. Pedir ayuda o expresar dolor no constituye falta de virtud.
«La urbanidad hacia las demás es la forma cotidiana de una caridad que sabe respetar, escuchar, proteger y servir.»
Artículos del Capítulo VI
Artículo 340
Las enfermedades son una especie de crisol en que se purifican los escogidos y resplandecen la paciencia y las demás virtudes. En ellas podemos patentizar la humildad, docilidad, paciencia, sencillez y mortificación, cinco preciosos diamantes que en poco tiempo pueden formar una corona para el cielo.
APLICACIÓN 2026
Las enfermedades pueden ser para la hermana un crisol donde se purifican la humildad, la docilidad, la paciencia, la sencillez y la mortificación. La enfermedad no debe mirarse solo como carga, sino también como ocasión de unión con Cristo pobre y sufriente, vivida con fe, verdad y abandono filial.
Artículo 341
La sencillez, virtud tan propia de la infancia, es indispensable durante las enfermedades. Cuando el médico interrogue contestaremos con claridad y precisión y diremos sencillamente lo que sentimos, sin exagerar ni disimular, pues sólo de esta manera podrá darse cuenta de nuestro estado.
APLICACIÓN 2026
Durante la enfermedad, la hermana debe responder con sencillez y claridad a quienes cuidan de su salud. Cuando el médico, enfermera o responsable le pregunte, diga con precisión lo que siente, sin exagerar ni disimular. La verdad ayuda al buen cuidado, evita confusiones y favorece una atención responsable.
Artículo 342
Jamás manifestemos mal humor porque el médico nos visita ni nos lamentemos inútilmente de la poca eficacia de las medicinas. No pretendamos saber qué contiene la receta ni hagamos observaciones sobre el tratamiento que prescribe; él sabe mejor que nosotras lo que nos conviene.
APLICACIÓN 2026
La hermana enferma expresará con verdad su dolor, sus dudas y las dificultades que le cause un tratamiento. Recibirá información comprensible y participará, según su capacidad y la normativa aplicable, en las decisiones sobre su salud. La gratitud y la paciencia no eliminan el derecho a preguntar, solicitar aclaración o pedir una segunda valoración.
Artículo 343
En segundo lugar viene la docilidad para sujetarnos al régimen prescrito, sin poner resistencia por penoso que sea, a fin de hacer menos pesado el trabajo de la enfermera. Si las curaciones son dolorosas, ofrezcámoslas al Señor con espíritu de penitencia y no mortifiquemos a quien nos atiende. Recibamos sus servicios con agradecimiento y no nos mostremos disgustadas.
APLICACIÓN 2026
La docilidad en la enfermedad pide aceptar el régimen indicado por el médico y por quienes tienen el cuidado de la enferma, siempre que sea razonable y conveniente. Si una cura o medicina resulta dolorosa, ofrézcase al Señor con espíritu de fe, procurando no hacer más pesada la tarea de quienes sirven.
Artículo 344
Uno de los distintivos de los santos ha sido la paciencia, hermosa virtud que hace soportar tanto los dolores físicos como los morales. Procuremos no impacientarnos en las enfermedades; la paciencia no impide que la fuerza del dolor nos obligue a quejarnos, pero quita toda murmuración y desabrimiento en el trato, produce paz en el alma y rodea a las personas enfermas que la practican de una alegría particular.
APLICACIÓN 2026
La paciencia no impide reconocer el dolor ni pedir ayuda cuando sea necesario; pero sí evita la murmuración, la aspereza y el trato desagradable. La hermana paciente comunica paz aun en su fragilidad, y convierte la enfermedad en lugar de testimonio, humildad y esperanza.
Artículo 345
Finalmente, la mortificación, tan necesaria en todo tiempo, lo es más cuando estamos enfermas, pues son muchas las ocasiones que tenemos de practicarla.
APLICACIÓN 2026
La mortificación, necesaria en toda vida religiosa, adquiere un valor especial en la enfermedad. Entonces se practica no buscando sufrimientos imprudentes, sino aceptando con amor las limitaciones, molestias, dependencias y pequeños sacrificios que trae consigo el cuidado de la salud.
Artículo 346
Podemos ejercitar la mortificación no cambiando continuamente de posición, soportando los dolores de la enfermedad, las molestias de la curación y los olvidos o descuidos involuntarios de la enfermera. No rehusaremos una medicina por amarga o repugnante, recordando la hiel que gustó Jesucristo al morir, y tomaremos sin titubear lo que se nos presente.
APLICACIÓN 2026
La hermana puede ejercitar esta mortificación soportando con serenidad los dolores, los cambios de postura, las curaciones, las medicinas desagradables y los olvidos involuntarios de quienes la atienden. No debe rechazar por capricho un tratamiento necesario, sino colaborar responsablemente con su recuperación.
Artículo 347
Hacer que nos rueguen para tomar una medicina, mostrar disgusto, llorar y hacer tantas cosas antes de tomarla es más propio de niños mimados que de una religiosa cuyo lema debe ser vencerse a sí misma.
APLICACIÓN 2026
Hacer que rueguen repetidamente para tomar medicinas, mostrar disgusto exagerado o resistirse sin causa justa no conviene a una hermana llamada a vencerse a sí misma. La madurez religiosa se muestra también en aceptar con sencillez aquello que favorece la salud y el bien común.
Artículo 348
Pensemos cuántos méritos podremos acumular en pocos días de enfermedad si nos portamos como debemos, y qué pérdida tan grande si nos dejamos llevar por delicadezas y pequeñas miserias que atormentan a las pobres enfermeras y desedifican a quienes las presencian.
APLICACIÓN 2026
La hermana enferma puede ganar mucho espiritualmente si vive esos días con prontitud, paciencia y gratitud. En cambio, pierde ocasión de gracia cuando se deja dominar por delicadezas excesivas, exigencias, susceptibilidades o pequeñas quejas que mortifican a quienes la cuidan y desedifican a quienes la observan.
Artículo 349
Armémonos de valor y hagámonos superiores a esas pequeñeces que nada son si se desprecian. Acumulemos tesoros para el cielo y hagamos de nuestras enfermedades manantiales de bienes, no para negociar perlas o diamantes de la tierra, sino riquezas infinitas para la vida eterna.
APLICACIÓN 2026
Conviene armarse de valor y hacerse superior a esas pequeñas molestias que, cuando se aceptan con amor, se convierten en tesoro espiritual. La enfermedad, vivida con fe y acompañada con caridad, puede ser una forma escondida de reparar la viña del Señor, uniendo el propio sufrimiento al de Cristo.
Parte IV · Deberes de la religiosa para con las demás
Con el artículo 349 concluye «Conducta de la religiosa en las enfermedades». El Manual continúa con el Capítulo VII: «Deberes que se han de tener presentes en los viajes».
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