Venerable Madre Humilde del Niño Jesús
Manual de Urbanidad Religiosa
CRITERIO TRANSVERSAL DE 2026
Las orientaciones sobre postura, mirada, movimientos y expresión se aplicarán según la edad, el dolor, la discapacidad, la neurodivergencia, la cultura y la condición de salud. La modestia favorece el respeto; no uniforma los cuerpos ni convierte una diferencia corporal en defecto moral.
«El cuidado de sí no encierra a la hermana en sí misma: dispone el cuerpo, el tiempo y el corazón para servir con libertad, sobriedad y caridad.»
Artículos del Capítulo VI
Artículo 251
Nada tan propio en una religiosa como conservar siempre en su exterior una compostura grave, honesta y agradable, indicio característico de su estado. San Bernardo pondera las ventajas de esta actitud exterior diciendo que es compañía inseparable de la sobriedad y moderación exterior, puerta segura de la pureza, ornamento del pudor, freno de la ira y demás apetitos desordenados y enemigos de la venganza.
APLICACIÓN 2026
Nada es tan propio de una hermana consagrada como conservar una compostura exterior circunspecta, honesta y agradable, conforme a su vocación. Esta modestia no es rigidez ni apariencia, sino expresión visible de sobriedad, dominio de sí, pureza de intención y respeto a Dios, a las hermanas y a todas las personas.
Artículo 252
Según el Seráfico Doctor, esta compostura exterior ha de procurarse siempre y en todas las cosas: en la comida y en el vestido, en el sueño y en la vigilia, en el trabajo y en el descanso; ha de resplandecer también en la conversación y en el silencio, en la tristeza y en la alegría, según lo exijan las circunstancias y la recta razón.
APLICACIÓN 2026
Esta compostura debe procurarse siempre y en toda circunstancia: en la comida y en el vestido, en el sueño y en la vigilia, en el trabajo y en el descanso, en la conversación y en el silencio, en la tristeza y en la alegría. La hermana HFIC está llamada a manifestar en todo momento el espíritu de Cristo pobre y humilde.
Artículo 253
Si queremos adquirir esta modesta actitud para fomentar y conservar las virtudes religiosas, es preciso emplear algunos medios, siendo el principal la oración frecuente y fervorosa. Debemos además evitar todas las palabras ociosas y menos honestas, huyendo de aquellas que las prefieran, porque escrito está: «Las conversaciones livianas corrompen algunas costumbres». De igual modo se han de evitar los juegos de manos, especialmente entre las jóvenes, y las compañías de las que aman la ociosidad, pues estas cosas conducen insensiblemente a la disipación, a la ligereza en el carácter o a las chocanterías, vicios opuestos a la moderación y apacible sobriedad, patrimonio de toda religiosa bien educada.
APLICACIÓN 2026
Para adquirir esta actitud modesta conviene acudir a la oración frecuente y fervorosa, y evitar palabras, juegos, compañías o distracciones que lleven a la ligereza. La alegría franciscana no es disipación; es paz sencilla del alma que sabe descansar sin perder la caridad, el recogimiento ni el respeto.
Artículo 254
Es contraria a la compostura exterior la presunción, pues san Bernardo nos dejó su retrato diciendo «que el presuntuoso procurará ocupar el lugar más honroso; es el primero que da su parecer en las reuniones, presentándose en ellas sin ser llamado; entrométese en todo, aun cuando no sea de su incumbencia; introduce la confusión en lo que está ordenado y deshace lo que está hecho». A lo cual puede añadirse que se juzga despreciado si no ocupa un lugar eminente y se avergüenza de tratar con los humildes y sencillos, con quienes Dios tiene sus más íntimas comunicaciones.
APLICACIÓN 2026
Es contraria a la modestia la presunción: querer ocupar siempre el primer lugar, imponer el propio parecer, entrometerse en todo, buscar ser vista o sentirse despreciada cuando no se recibe una distinción. La hermana humilde sabe ocupar su lugar con sencillez, sin despreciar a nadie y sin buscar honores.
Artículo 255
Para que el porte sea de verdadero religioso, hemos de atender a los gestos y movimientos del cuerpo y al modo de andar. En cuanto a lo primero, debe atenderse que cada miembro desempeña su oficio respectivamente. De aquí que sean acciones reprensibles mover la cabeza cuando se está hablando; agitar los brazos o ponerlos en jarras; llevarse la mano a la barba, a la boca y a la frente; apoyarse sobre un pie cuando se está parada, o aplicarlo por su planta a la pared, doblando la rodilla; reclinar perezosamente el hombro o espalda a la misma pared; juguetear con las manos o ponerlas en los hombros de las demás; restregarlas continuamente; llevarlas a los cabellos o a los ojos; dar vueltas a las tijeras, llaveros o con la cuerda o corona; tener los brazos y manos en continuo movimiento; golpearse las piernas; tomar del brazo a la persona con quien hablamos; sacudirla con fuerza; coger los botones o adornos del vestido; jugar con los dijes, cadenas, etc., que pueda traer; crujir los dedos, ya retorciéndolos, ya golpeándolos unos con otros; tamborilear y hacer cualquier ruido, ya sea con las manos o con los pies; hacer como si se tocara el piano sobre la mesa. Mas como algunas veces para dar expresión a lo que se dice es preciso hacer uso de ademanes, ha de ser en la forma conveniente.
APLICACIÓN 2026
Para que el porte sea verdaderamente religioso, la hermana debe cuidar los gestos, movimientos del cuerpo y modo de andar. Evítese todo movimiento brusco, inquieto, afectado o desordenado: jugar con las manos, tocar continuamente objetos, hacer ruidos innecesarios, golpear los pies, mover brazos o cabeza sin necesidad, o adoptar posturas que llamen la atención. Los ademanes, cuando sean necesarios, deben ser naturales, sobrios y oportunos.
Artículo 256
Al estar de pie han de estar los pies uno frente al otro, y no como en disposición de marchar. La distancia de los pies debe ser corta, como lo exige la modestia. Cuando estamos delante de otra persona, debemos permanecer con los brazos cruzados, mayormente si es superior a nosotras. Al andar, si se llevan los brazos caídos, no deben balancearse a manera de aspas, sino que se llevarán cruzados.
APLICACIÓN 2026
Al estar de pie o caminar, la hermana debe guardar postura digna, sencilla y natural. No conviene balancearse, apoyarse con descuido, cruzarse de modo impropio ni adoptar actitudes de cansancio ostentoso o abandono. La modestia del cuerpo ayuda a conservar el recogimiento del alma y el respeto debido a quienes la rodean.
Artículo 257
La expresión del rostro es la parte más importante de la apostura. Siendo el rostro un reflejo del alma, en él se marcan con increíble exactitud todas las pasiones y los afectos interiores del alma. Por eso en el semblante aparecen como en un espejo la alegría, la tristeza, el amor, el odio, el abatimiento, la ira, etc. Por consiguiente, guardémonos de esas contorsiones y gestos a que nos habituamos con frecuencia sin darnos cuenta.
APLICACIÓN 2026
El rostro es una parte muy importante de la compostura, porque refleja con facilidad lo que vive el corazón. En él pueden aparecer alegría, tristeza, enojo, cansancio, disgusto o paz. Por eso, la hermana debe cuidar su semblante, no para fingir, sino para no descargar sobre las demás sus pasiones, impaciencias o contrariedades.
Artículo 258
Habitualmente debe aparecer nuestro semblante dulce, bondadoso, tranquilo, modesto y serio. Si nos hallamos nosotras entre personas que estén satisfechas por un suceso feliz, nuestro semblante debe tomar la expresión de placer; observemos una conducta opuesta si nos hallamos entre personas que estén abatidas por el dolor.
APLICACIÓN 2026
Habitualmente conviene que el semblante de la hermana sea dulce, bondadoso, sereno, modesto y serio sin dureza. Si está con personas alegres por algún bien recibido, participe con discreta alegría; si está con personas afligidas, adopte una actitud compasiva y respetuosa. La caridad sabe adaptar el rostro al dolor o al gozo del prójimo.
Artículo 259
Nuestros movimientos no han de traspasar los límites de la honestidad y prudencia; por ejemplo, a veces es lícito reírse, pero nunca debe hacerse a carcajadas ni abriendo desmesuradamente la boca. Debemos procurar no arrugar la frente, pues esto comunica a la fisonomía aire de tristeza, severidad, disgusto o preocupación, que jamás debe aparecer en las relaciones sociales.
APLICACIÓN 2026
Los movimientos corporales no deben pasar los límites de la honestidad y la prudencia. Es lícito reír sanamente, pero no con carcajadas desmedidas, gestos exagerados o actitudes que rebajen la dignidad religiosa. También conviene evitar fruncir el rostro de modo habitual, pues puede comunicar severidad, disgusto o preocupación innecesaria.
Artículo 260
Conviene que los ojos expresen modestia, benevolencia y dulzura. Podemos mirar algunos objetos o personas, a condición de no fijar en éstos la vista como si quisieran adivinar sus más íntimos pensamientos; no mirar de reojo, pues puede constituir esto una grosería, lo mismo que hacer guiños con los ojos para burlarse de los presentes. Sin embargo, hay ocasiones en que podríamos dirigir la mirada a quienes nos hablan, sobre todo si es superior, por ser éste un acto de atención respetuosa, con tal empero de que no se haga con insistencia. Tampoco hay que tenerlos siempre bajos, pues pareceríamos demasiado orgullosas o gravemente turbadas.
APLICACIÓN 2026
Los ojos deben expresar modestia, benevolencia y dulzura. La hermana puede mirar a quien le habla como signo de atención respetuosa, pero sin fijar la mirada con insistencia ni curiosidad. Evítese mirar de reojo, hacer señas con los ojos, usar la mirada para burlarse o parecer altiva, esquiva o fingida.
Artículo 261
Por último, jamás debemos tratar de evitar encontrarnos con la mirada del interlocutor; se nos podría tildar de hipócritas o fingidas. Todas desconfían de aquellas que nunca ven a la cara.
APLICACIÓN 2026
La mirada será respetuosa y atenta, sin fijarse de manera invasiva ni exigir contacto visual constante. Se tendrán en cuenta la cultura, la salud, la neurodivergencia y la comodidad legítima de cada persona. No debe inferirse falta de sinceridad o de educación a partir de un solo gesto.
Artículo 262
Otra de las cosas a que debe atenderse para guardar la compostura exterior es la manera de andar, en la cual hay que evitar la demasiada precipitación y la excesiva lentitud. Es impropio de la gravedad religiosa ir corriendo o dando saltos por los corredores, escaleras y demás dependencias de la casa, taconeando o produciendo mucho ruido con los pies, sobre todo en las horas de silencio y cuando las religiosas están entregadas al descanso. Con el mismo empeño se evitará la lentitud que indica indolencia, la cual se manifiesta con andar arrastrando perezosamente los pies, ladeándolos hacia adentro o hacia fuera, rozando uno con otro los talones, vicios todos intolerables en las jóvenes y que han de evitar cuando no quieran merecer el dictado de poco juiciosas.
APLICACIÓN 2026
En el modo de andar se debe evitar tanto la precipitación como la lentitud exagerada. No conviene correr, saltar, taconear, arrastrar los pies o hacer ruido en corredores, escaleras y dependencias de la casa, especialmente en horas de silencio o descanso. El paso de una hermana debe ser sencillo, prudente y respetuoso.
Artículo 263
Entre otros defectos apuntaremos algunos de que han de huir las religiosas amantes de la urbanidad: el mover constantemente la cabeza a uno y otro lado, y el volverla con curiosidad impertinente cuando se oye algún ruido o palabra, especialmente cuando estamos en la capilla; llevarla erguida, inflexiblemente recta, es indicio de altanería y soberbia, como, por el contrario, inclinarla con exceso o llevarla unida por la parte inferior indica dejadez, abandono o hipocresía, o cuando menos un carácter poco franco y reservado por demás.
APLICACIÓN 2026
Deben evitarse también movimientos curiosos o impertinentes: volver la cabeza a cada ruido, mirar con ansiedad lo que ocurre alrededor, llevar la cabeza demasiado erguida con aire de soberbia o inclinarla con exceso hasta parecer afectada. La postura exterior debe expresar humildad franca, no altivez ni falsa modestia.
Artículo 264
Los brazos al andar no deben llevarse caídos, sino colocarse convenientemente.
APLICACIÓN 2026
Los brazos y las manos deben colocarse convenientemente al caminar, estar de pie o conversar. No deben llevarse caídos con abandono, moverse sin necesidad ni ocuparse en juegos inútiles. La compostura de las manos también manifiesta dominio propio, serenidad y buena educación.
Artículo 265
La costumbre de llevar muy cerrados los labios hasta el exceso revela un genio nada expansivo y taciturno, y siempre abiertos sólo es propio de personas rústicas y necias.
APLICACIÓN 2026
La expresión de los labios debe ser natural y modesta. No conviene mantenerlos cerrados con dureza, como si hubiera enojo o taciturnidad, ni tenerlos abiertos con descuido. La sencillez del rostro ayuda a una presencia amable, serena y fraterna.
Artículo 266
El modo de sentarse ha de ser tal que se forme un ángulo recto en la rodilla. No se ha de unir la punta de los pies separando los talones; al contrario, aproximarse los talones, separando un poco las puntas. Por ningún motivo han de cruzarse una pierna con otra, ni menos en la capilla ni en la presencia de un superior. No es permitido apoyar el codo en el brazo de la silla, sosteniendo la cabeza con la mano. Tampoco se ha de apoyar el codo en las rodillas, poniendo en la palma de las manos las mandíbulas. Se evitará hacer bailar la silla propia, ya apoyándola en una pata, ya en la otra, o servirse de ella como de columpio para mecerse. No se pondrán los pies en los travesaños de la silla propia o en la de la otra. La distancia de una rodilla a la otra debe ser corta, pues de lo contrario se faltará al decoro de nuestro sexo; tampoco se han de tener rigurosamente apretadas. Ni se han de cruzar los pies, poniendo uno sobre otro, menos estando en la capilla.
APLICACIÓN 2026
Al sentarse, la hermana debe hacerlo con decoro, modestia y naturalidad. Evite cruzar las piernas de modo impropio, recostarse con abandono, sostener la cabeza con la mano, balancearse en la silla, apoyar los pies donde no corresponde o adoptar posturas descuidadas, especialmente en la capilla, en reuniones, ante superioras o en presencia de otras personas.
Artículo 267
No sólo en los claustros y dependencias del convento, sino también en las escaleras hay que guardar ciertas reglas prescritas por la buena educación —nótese ante todo que no deben subirse los peldaños de dos en dos, ni bajarse corriendo o saltando mucho a la vez—. En las escaleras el lugar preferente es el de la barandilla o pasamanos, el cual por lo mismo habrá de cederse siempre a la persona más digna. Cuando dos personas iguales en dignidad se encuentran en dirección opuesta, el pasamanos corresponde a la que baja; al subir la escalera con un superior, se le cederá la barandilla y el inferior procurará ir un poco más atrás, pudiendo sólo adelantarse cuando fuere necesario llamar a alguna puerta o para abrir. En caso de encontrarse con cualquier persona respetable, se le dejará paso libre, retrocediendo si fuere necesario al descanso más inmediato. Exige también la urbanidad que al subir o bajar la escalera se salude a toda persona, sea o no conocida; y cuando aquélla estuviese a oscuras, deberá pronunciarse alguna palabra indicándole que puede pasar u otra expresión semejante, con objeto de alejar todo recelo e indicar el sitio que se ocupa para evitar cualquier tropiezo.
APLICACIÓN 2026
En escaleras, corredores y dependencias de la casa deben observarse reglas de buena educación y seguridad. No se subirá ni bajará corriendo, saltando o en tropel; se cederá el paso a quien corresponda, especialmente a las hermanas mayores, enfermas o con alguna dificultad. Si el lugar está oscuro, conviene hablar con respeto para evitar tropiezos o sobresaltos.
Artículo 268
Hablando ahora de las oficinas de la casa, téngase como principio general que nunca deben llevar las religiosas a seglares a las oficinas sin permiso de las respectivas superioras. En caso de ser así, se debe evitar que permanezcan más tiempo del necesario, pues sería obstáculo para el cumplimiento de sus obligaciones.
APLICACIÓN 2026
En las oficinas de la casa no deben introducirse personas ajenas sin permiso de la superiora o de la encargada correspondiente. Si por necesidad entran personas externas, se procurará que permanezcan solo el tiempo necesario, cuidando el orden, la privacidad, la seguridad y el cumplimiento de los servicios propios de la fraternidad.
Artículo 269
Asimismo ninguna religiosa frecuentará las oficinas sin justa causa y con licencia, además, de la superiora y de la respectiva encargada. Al entrar en ella no debe omitir la costumbre que hay entre nosotras de saludar: «Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo». «Por siempre»; y luego, con breves y respetuosas palabras, manifestándole a la encargada de la oficina el objeto que lleva. Se reputa por falta digna de reprensión acercarse tanto a las mesas y escritorios que se puedan leer fácilmente los papeles que en ellos se encuentren, como también echar mano a los libros y demás cosas expuestas a la vista, sin consentimiento expreso de la encargada de la oficina. En todas las oficinas, pero especialmente en la portería, se evitará levantar demasiado la voz y mucho más entablar discusiones. Despachado el asunto, no se retirará la religiosa sin repetir el saludo, teniendo cuidado además de cerrar la puerta suavemente.
APLICACIÓN 2026
Ninguna hermana debe frecuentar las oficinas sin causa justa y sin la debida autorización. Al entrar, saludará con respeto, manifestará brevemente el motivo de su visita y evitará acercarse a escritorios, documentos, libros, archivos, pantallas o materiales que no le corresponden. La discreción en las oficinas protege la confianza, la privacidad y el buen orden administrativo.
Artículo 270
Por consiguiente, las oficiales deberán responder al saludo de la persona que entrare; si ésta fuera la superiora, la maestra u otra religiosa respetable, se levantarán y no se sentarán hasta que se les indique. La encargada de la oficina atenderá con afabilidad y agrado al encargo y satisfará la petición que se le hiciere, si le es posible; y en caso de que se vea precisada a dar negativa, lo hará manifestando la pena de no poder satisfacer en aquella ocasión, siempre con buenas formas. Cuando las mencionadas personas respetables se retiren de la oficina, la que está al frente de ella las acompañará hasta la puerta, franqueándosela para que pasen, en tanto que las demás oficialas, si las hubiere, se pondrán de pie y todas harán ligera y cortés inclinación de cabeza.
APLICACIÓN 2026
Las encargadas de las oficinas deben recibir con afabilidad y respeto a quien llegue, responder al saludo, atender el asunto con diligencia y satisfacer la petición cuando sea posible. Si deben negar algo, lo harán con buenas formas. Cuando se retire una persona de respeto, la acompañarán con cortesía, conservando en todo momento un trato digno, sobrio y fraterno.
Parte III · Deberes de la religiosa para consigo misma
Con el artículo 270 concluye «De la compostura exterior» y termina la Tercera Parte del Manual de Urbanidad Religiosa.
Parte III completada · Artículos 144–270
La Tercera Parte ha recorrido la disciplina regular, el dormitorio, el aseo personal y de la casa, el trabajo, el refectorio y la compostura exterior. El itinerario continúa con la Cuarta Parte: «Deberes de la religiosa para con las demás».
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